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MENSAJES DEL CIELO

PLAN DIVINO: QUE SEAS AMO Y SEÑOR

INTRODUCCIÓN

Hoy quiero meditar acerca del propósito de Dios y la redención. Ya he hablado acerca de la caída del hombre; conocemos según la Biblia, que Dios ha hecho los cielos y la tierra y puso a Adán en el jardín del Edén quien tenía una relación perfecta con el Señor hasta el día que pecó. Le llamamos la caída del hombre al momento en que éste desobedece a Dios y decide hacer por su cuenta lo que siente y le parece; en ese momento se sale por voluntad propia de las manos de Dios y de su comunión con el Señor, y no sólo pierde la autoridad que Dios le ha dado para señorear sobre su creación, sino que también queda sometido a otra autoridad; desde ese momento satanás viene a constituirse en príncipe de este mundo y ese título se lo puso Jesús.

Hay una falla por decir así, en lo que la Biblia llama el primer Adán; de Jesús se dice que es el segundo Adán, y entre el primero y el segundo hay un valle que es la caída de hombre. Pero el propósito de Dios al crear el planeta Tierra es uno desde el principio y hasta el final; digamos que su plan es una línea recta y es crear el planeta con un designio especial y eterno, y tiene que ver con el universo, poner también a un ser creado a su imagen y semejanza en poder y autoridad para gobernar, señorear y multiplicarse sobre la faz de la tierra.

Los primeros versículos de la Biblia hablan acerca de esto. Reitero: El propósito de Dios sigue siendo el mismo desde el principio hasta el final, pero en el medio hay un valle que es la caída del hombre. Muchas veces predicamos el evangelio y hablamos acerca de perdón de los pecados y la redención de la humanidad, y esto es sumamente importante, pero es una operación de rescate para que el hombre continúe cumpliendo con los planes de Dios sobre la tierra. O sea que su designio no es la salvación del hombre sino el señorío, el gobierno, el poder y la autoridad de éste. Hay personas a las que una enfermedad, un problema económico y hasta una suegra las vuelve loca. Dios nunca pensó en que el hombre debía ser sometido sino que fuera un ser especial, corona de la creación.

EL HOMBRE: SEMEJANTE A DIOS

La Biblia señala que Dios creó los animales y las plantas ordenándoles que se multipliquen según su género, pero cuando llega al sexto día, momento de la creación del hombre, la Biblia nos muestra que es una creación sumamente especial, distinta al resto; porque cuando Dios declara que va a crear al hombre, eso está en Génesis 1: 26 y 27, declara: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Estos dos versículos nos muestran el propósito de Dios, ¿y qué entendemos por propósito? Esto tiene que ver con una idea, un plan o diseño de Dios. El Señor planifica y determina lo que hace y su propósito es inmutable. Dios es un Dios inmutable e inamovible y su propósito también. Hay detalles en la descripción del capítulo 1 de Génesis. Cuando Dios dice: “Hagamos al hombre conforme a nuestra semejanza”, utiliza aquí el verbo hacer en plural. Los teólogos han entendido que Dios está haciendo alusión al hecho de la existencia de la trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  Aquí vemos que el Espíritu Santo, la voz de Dios y Jesús están presentes en la creación porque Dios está dialogando con el Hijo y con el Espíritu Santo. Hay un concepto difícil de racionalizar pero tan real que no podemos negar y se trata de que Dios es uno pero también es un Dios en tres personas; es tripartito aunque no podemos hablar de partes de Él porque Jesús es todo Dios, así como el Espíritu Santo y Dios, lo mismo que tú. Tú eres una sola persona que tiene vida biológica, psíquica y espiritual y a veces no sabes discernir entre la vida del alma y la del espíritu, en cambio, aquellos que hemos conocido el evangelio y recibido la luz de Dios, podemos discernir por su palabra lo que es el alma y el espíritu. Tú eres un ser trinitario igual que Dios.

Cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”, hace una alusión especial porque habla de todos los animales, de las plantas y después vuelve y nombra a los animales que se arrastran, esto incluye a la serpiente quien tipifica a satanás y no solo génesis hace alusión de este animal sino también en otras partes de la Biblia habla de la serpiente antigua. Hay también un énfasis especial aquí, en el que Dios dice que por sobre todos los animales, también los que se arrastran y las plantas, creó al hombre a su imagen: “…Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó…”. Notemos que aquí ya no usa el plural como al principio cuando dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Esto significa semejante, pero no igual; o sea que el hombre va a operar como Dios. No es Dios; no será igual a Él pero va a ser semejante a Dios. Un niño comienza a caminar y dicen que lo hace igual a su abuelo; ese niño no es igual al abuelo pero es semejante a él.

Cuando habla de la imagen del hombre, la Biblia señala que Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó. Ahora, el Padre nos dice: “No se hagan imagen de mí, no se inclinen ante ellas ni me comparen a ninguna imagen”. El primer mandamiento que es: Amarás el Señor tu Dios por sobre todas las cosas, incluye el hecho de que al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás; esto significa que sólo delante del Señor te arrodillarás. También dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso…” Dios el Padre no tiene imagen y algunos lo quieren visualizar; tratan de hacer alguna imagen y ahí surge la idolatría pero el Señor no quiere que se haga imagen alguna de Él. ¿Por qué dice que Dios creó al hombre a su imagen? Lemos en Colosenses 1:15: “Él (Jesús) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. El hombre fue creado a imagen de Dios, fue creado a imagen de Jesús. Tú no puedes visualizar una imagen del Espíritu Santo ni del Padre pero puedes tocar a Jesús. Cuando el Señor estaba en la tierra la gente lo tocaba y comían con Él, etc. Y el apóstol Pablo declaró que Jesús es la imagen del Dios invisible. Si alguien quiere ver a Dios, vea a Jesús. En Juan capítulo 14, versículo 10 y 11 leemos: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?…Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí”. O sea que la única imagen que podemos tener de Dios es la de Jesús y no me refiero a un cuadro, a una estatua ni si siquiera a un crucifijo con un Cristo crucificado; me refiero a Jesús mismo. Cuando la Biblia dice que Dios creó al hombre a su imagen, significa que lo creó a la imagen de Jesús, lo hizo como Él.

El nivel de la estatura del hombre que Dios creó es el nivel de la estatura de la segunda persona de la trinidad, al nivel de Cristo. ¡Ese es el lugar que Dios le dio al hombre! No lo hizo como Cristo sino semejante a Él en su imagen porque Jesús existe como hombre en la mente de Dios desde antes de la creación del mundo. Y habiendo tomado satanás potestad del planeta, porque Adán le entregó el territorio que Dios le dio a él para que lo gobernara, Dios manifiesta su propósito inmediatamente y le dice a la serpiente que se arrastra, como podemos ver el Génesis 3:15: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Yo voy a levantar de la descendencia de la mujer a alguien que te va a pisar la cabeza. Dios le ha dado un lugar al hombre y no ha desistido de darle ese lugar que Él ha determinado, por lo tanto, quien tenía que derrotar a satanás no era Dios sino un hombre y Jesucristo es Dios hecho hombre, nacido de mujer. Es como que Dios nos dijera: “No he desistido de que las cosas sean como las planifiqué desde el principio y así permanecerán hasta el final. He puesto al hombre sobre la tierra y no será satanás y sus demonios los que gobiernen; no será el hombre sin mi quien gobierne sino aquel que es imagen de Dios en la tierra”.

EL PROPÓSITO DE DIOS VA MÁS ALLÁ DE LA SALVACIÓN

Vemos que el propósito de Dios es mucho más grande que la redención del hombre; la salvación es un operativo de rescate del hombre y tiene un objetivo corto. Nosotros creemos que trabajamos para que el hombre sea salvo, predicamos el evangelio para que sus pecados sean perdonados y alcance la salvación, pero Dios no se conforma sólo con el hecho de que sea salvo. Podemos verles la cara a algunos cristianos que se amedrentan cuando viene alguna dificultad y no saben qué hacer con su cónyuge, con sus hijos, con la suegra; no saben qué hacer con los problemas de la vida y se sienten derrotados y oprimidos, cansados y agobiados. ¡Dios no te hizo para eso! ¡El Señor tiene un propósito más alto del que estás viviendo en este momento! Algunos creen que ya está, que Dios los perdonó porque por primera vez sintieron libertad y se conforman con eso; pero los vemos actuar y parecen esclavos de satanás sumidos en sus pecados y pensamientos. Trato todos los días con creyentes que se sienten abatidos por los sentimientos y deseos que tienen; no muestran cara de soldados victoriosos sino más bien de derrotados. Tienen temores, ¡creyentes que duermen con la luz encendida!

No puedes conformar a Dios con el hecho de que te salvó y te redimió. El término redimir significa rescatar; Jesús pagó un precio para rescatarte pero eso no significa sólo el perdón de tus pecados. ¡Dios quiere verte victorioso! ¡Él quiere poner su gloria sobre ti! No serán los ángeles quienes conquisten el planeta Tierra, será el hombre redimido por Dios. Jesucristo es el Unigénito, el único que tiene los genes de Dios hasta que Él murió en la cruz del calvario, y cuando empezaron a nacer en Cristo las personas redimidas por Dios, surgieron hombres y mujeres que poseían los genes de Dios nacidos del Espíritu Santo, entonces Jesús dejó de ser el único Hijo de Dios para pasar a ser el primogénito, o sea, el primero entre muchos hermanos.

El propósito de Dios no es sólo la salvación y no se termina ahí. ¡Su propósito es llevarte a las alturas desde donde el hombre cayó! Desde la caída del hombre el Señor te levanta hasta la altura donde se perdió el poder y el señorío del hombre. Debía ser hombre quien le pisara la cabeza a satanás y venciera el poder del pecado porque el propósito de Dios era entregarle al hombre el planeta Tierra. Por eso, Jesucristo dejó su gloria y su deidad haciéndose como uno de nosotros, un ser débil para enfrentar los poderes de satanás; en el mismo territorio en el que Adán cedió sus derechos, Jesús vino a reclamar esos derechos que Dios le ha dado al hombre. Lucas 4:8 y 9 dice: “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”. ¡Satanás quería que Jesús se postrara delante de él y el Señor era quien había venido a pisarle la cabeza! Lo tentó a Jesús para que lo obedeciera; el Señor ayunó por cuarenta días y como tenía hambre el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Jesús entendió que no debía someterse en nada, Él podía convertir piedras en pan pero no había venido al mundo para someterse y obedecer a un diablo inmundo que Dios ya sentenció que un hombre le iba a pisar la cabeza. ¡Jesús no vino a obedecer a satanás! ¡El Señor vino dispuesto a obedecer en todo al Padre! “Mi comida y mi bebida es que haga la voluntad del Padre”, dijo Jesús. ¡Qué grande es el Señor! Él es nuestro hermano mayor, nuestro salvador y redentor, pero más grande es lo que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros. Dios no quiere verte derrotado, tú no has nacido en Cristo para vivir vencido, doblegado e inclinado.

Mi nieta viajaba conmigo en el auto y me dijo que sentía miedo y no recuerdo de qué, pero le dije que ella era una hija de Dios y tenía que enfrentar a satanás y decirle que se vaya. Ella insistía que tenía miedo, y yo le dije: “Vamos a decirle al miedo que se tiene que ir en el nombre de Jesús”. Aún no cumple los cuatro añitos y le hice repetir conmigo: “Temor, te ordeno que te vayas”, y ella sollozando repitió las palabras que le dije. En un momento le hablé: “No Justina, llorando no, repetí de nuevo conmigo”. ¡Al diablo hay que darle órdenes y no llorarle! ¡Hemos sido creados para darle órdenes al diablo en el nombre de Jesús! ¡La Biblia dice que Dios ha puesto a satanás debajo de nuestros pies! El plan de Dios no es sólo salvarte; el plan de Dios es que cuando un demonio te quiera enfrentar termine huyendo, asustado, porque la gloria del Señor está sobre ti. Por ahí mi nieta agarró fuerza, se enojó y ordenó al temor que se fuera. En un momento, me susurra al oído: “Abuelo, se fue el temor”.

Yo me deleito en la palabra de Dios; no he nacido para andar con “cara de rata” ni para arrastrarme. Leemos en Romanos 8:26 al 30: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. ¡Nos llenó de gloria! Es poca cosa para Dios tu salvación, eso es sólo el inicio de grandes cosas. No es suficiente para Dios rescatarte y salvarte; Él quiere revestirte de gloria y poder.

Dice así en el Salmo 8: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; de la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo”. Eso lo experimenté con mi nieta; fíjate que los niños son más capaces para creer que los grandotes. Si Dios puede construir una fortaleza de los labios de los niños que maman, el Señor dice: “Yo con esto destruyo al diablo”.

Continúa diciendo el salmista: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies. Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” Aquí se refiere al hombre redimido.

Este Salmo está diciendo que el propósito de Dios permanece a pesar de la caída del hombre y lo que Él planificó será así como lo pensó. Todo lo que Dios se propuso con Adán llegó a culminarse en Jesucristo. El apóstol Pablo se refiere al Señor como el segundo Adán. Leemos en 1ª Corintios 15: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales”. Los hombres que hemos nacido en el planeta Tierra seguimos la imagen del que pecó y somos pecadores; tal cual el Adán que pecó, somos nosotros sus descendientes, pero tal cual el Adán que venció que es el verdadero, el que Dios estableció que tenía la victoria y el trono, ese es Jesús, tal cual el celestial, el Adán del cielo, así también el resto de los que creen en Él y le aman. Hemos sido llamados para mostrar la imagen de Jesús y para ser como Él es. Esto de que llegamos a señorear sobre las obras de Dios tiene que ver con nuestra unidad, nuestra comunión, nuestra identidad e identificación con Jesucristo. Cuando llegamos a ser parte de Jesús, somos parte de su victoria. ¡Somos vencedores juntamente con Él! Jesús es el primero, el que entró, el que venció el pecado y la muerte; pero detrás de él viene su cuerpo porque Él es la cabeza. ¡La iglesia va detrás de Jesús y es vencedora como Él es! La iglesia no es aparte de Jesús sino su cuerpo. ¡Somos el cuerpo de Jesús!

“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante”. El significado de Adán es “hecho de la tierra”, y el segundo Adán significa lo mismo; el hombre debía vencer en la tierra, hecho del polvo, por eso Jesús nació de una mujer. Notemos que el Salmo 8 señala que Dios hizo al hombre un poco menor que los ángeles pero le ha dado autoridad sobre los ángeles caídos y los ha puesto bajo sus pies. Quiero hacer un énfasis especial acerca del poder y la gloria de Jesús. Estas dos cosas nos identifican con Cristo; así como el Señor es la imagen del Dios invisible, nosotros somos la imagen de Jesús. La Biblia lo afirma en Efesios 4:13: “… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. El Espíritu Santo trabaja para que tú llegues a la medida de la estatura de la plenitud del Señor. ¡Cristo la plenitud del Padre! ¡Tú la plenitud de Cristo! ¡No te conformes con menos! En Juan 17 Jesús ora al Padre: “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”. No fue una medida de la gloria ni una semejanza es la misma gloria que el Padre le dio a Jesús. En el mismo capítulo Jesús ora: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Padre, devuélveme la gloria que tuve contigo desde antes de la fundación del mundo. Jesús estaba antes de la fundación del mundo en este nivel de gloria y desciende a la tierra tomando forma de siervo, haciéndose obediente, hasta la muerte y muerte de cruz y viene a hacer la voluntad del Padre. Y por cuanto fue obediente hasta la muerte aceptando cargar sobre su cuerpo nuestros pecados, “…Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9 al 11). ¡Dios puso a Jesús por sobre todas las cosas! Jesús baja como un hombre y sube nuevamente para estar con la misma gloria que Dios le dio. El Señor había dejado su gloria, pero su gloria brilló cada vez más hasta que se sentó a la diestra del Padre reinando con poder y a Él le ha sido dada la autoridad. ¿Qué ora Jesús? “La gloria que tú me has dado yo les he dado”.

CONCLUSIÓN

¡Tú no eres una serpiente que se arrastra ni un vil gusano! “Gloria” significa fulgor y Jesús te dice: “Yo te he dado gloria para que brilles y no es la de algún ángel o arcángel. Te di mi gloria”. Te hablé de gloria y de poder. Dijo Jesús: “…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Hablo del mismo poder que operó en Jesús, Él fue revestido de poder por el Espíritu Santo. El poder no estaba en Él sino que vino sobre Él por cuanto permaneció en la obediencia y la voluntad del Padre, ese poder y el revestimiento del Espíritu Santo permaneció sobre Jesús. Cuando declaró: “recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”, quiso decir: “Ustedes van a recibir el mismo poder que han visto en mi. Van a hacer las obras que yo he hecho y aún mayores porque yo voy al Padre pero vendrá sobre ustedes el Espíritu Santo, el Espíritu que vino sobre mí”. ¡Ese es el propósito de Dios sobre tu vida! ¡Gloria y poder!

“Gracias Padre, que me salvaste y me perdonaste pero aquí estoy como un vil gusano. ¡Mira lo que me pasa! ¡Mira lo que me ha dicho mi padre! ¡Mira lo que me hizo mi esposo!” Dios quiere ver su gloria y su poder en ti; su poder y su gloria quieren ser derramado sobre ti. No es que Dios quiere salvarte para que tú vivas tranquilo o tranquila; Él te ha rescatado y te ha perdonado, si es que lo ha hecho para incluirte en el ejército de gente que hace las obras de Jesús. No le sirves a Dios solamente rescatado; le sirves cuando cumples su propósito y el propósito de Dios es que su gloria brille sobre ti al punto que lleguen a decir: “¿Qué tiene este hombre, qué poder de mueve en él? ¿Qué tiene esta mujer, qué poder se mueve en ella?”

El Señor necesita gente llena de su poder y de su gloria. Cuando les ves la cara a algunos, no te dan ganas de creer en Dios. ¿Por qué tu Dios permite que tengas esa cara de amargada, de impotencia y soledad? ¿No es que tu Dios es bueno? ¿Por qué esa falta de fuerza y de valor? Dios quiere llenarte, que hoy sea un pentecostés en tu vida y descienda el Espíritu Santo como lo hizo la primera vez, y la gloria de Dios sea vista sobre tu vida. Oro al Padre que tu debilidad sea cambiada en fortaleza, que ese vacío interior sea lleno por el Espíritu Santo. El Señor te dice: “No me conforma tu vida porque tu vida no brilla para mí. No me conforma tu vida porque no se ve mi poder en ti. Déjame que te llene y te revista. Deja que mi fuego descienda sobre ti”.

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