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Montevideo
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Leemos en Mateo 24:1 y 2: “1Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada”. Quiero hablarte acerca de una realidad de la que a veces nos cuesta darnos cuenta; nosotros vivimos viendo cosas dándolas por hecho y esto es fruto de nuestra observación, de nuestros preconceptos. Cada uno de nosotros tiene una visión de acuerdo a nuestras perspectivas a tal punto que hay gente que me dice: “Pastor, usted lo ve así pero yo lo veo de otra manera”. Los seres humanos no nos ponemos de acuerdo ni siquiera en relación a algo que estamos viendo, y yo quiero enfatizar que Jesús tiene su perspectiva y su manera de ver las cosas.
En este pasaje sencillo podemos apreciar que los discípulos están impactados por la construcción del templo, el que había mandado edificar Herodes. Cabe destacar que esos edificios que se construían en la antigüedad con piedras enormes se hacían con la intención de que duraran muchos siglos. Entonces ellos le dicen: “Maestro, ¿qué te parecen las piedras? ¿Qué te parece el edificio? ¿Has visto qué cosa más extraordinaria?” Y el Señor les responde: “¿Ven todo esto? ¡No quedará piedra sobre piedra!” Los discípulos ven una cosa y Jesús ve otra, ahora, esto es habitual porque los cristianos ven algo desde su perspectiva pero Dios la ve desde la suya.
Hemos casado a una hermana amada la cual era una creyente “al modo mío”; ella tenía su iglesia, tenía pastor, leía la Biblia pero tenía su manera de ver la vida y por el modo en que ella percibía el cristianismo se enfrió. Se había casado pero al poco tiempo se quedó sin marido porque por haber apostado todo por ese hombre dejó a Dios, se enamoró perdidamente de ese hombre, en otras palabras, se perdió. Cuando ya estaba bien lejos de la iglesia y de Dios un buen día se desmoronó todo y ella entró en una tremenda depresión al punto de no desear vivir más, sin ganas de levantarse de la cama ni de comer, hasta que comenzó a escuchar los programas radiales, ¡Qué bendición la radio! Escuchando el programa se sentía tan lejos de Dios, tan miserable, le parecía imposible y lejano volver, pero ella continuaba escuchando, hasta que en un momento cuando estaba terminando un culto yo hice un llamado al finalizar la prédica y esta hermana pensó: “¡Yo tengo que entregarme a Cristo! ¡Tengo que volver!” Así como estaba se tomó un taxi, y cuando llegó a la iglesia corriendo, pasó al altar llorando, volviendo así a Cristo. El Señor comenzó a sanar sus heridas, la restauró de tal manera que no volvió a ser la misma de antes. El día de su boda compartí con ellos el pasaje bíblico en donde Dios manda al profeta Jeremías a casa del alfarero, y le muestra cómo la vasija se desarmó en sus manos pero con ese mismo barro hizo otra vasija mucho mejor, como le había sucedido a esta hermana amada. Sucedió lo mismo con el hombre con quien ella se casó, quien había tenido una vida muy triste, pero un día llegó a uno de nuestros centros comunitarios y Dios lo tocó haciendo de él una nueva vasija.
Lo cierto es que todo comenzó con una perspectiva y una decisión equivocada, haciendo lo que Dios no quería sino lo que a ella le parecía, confiando en lo que ella veía sin entender que Jesús ve las cosas distinto a lo que vemos nosotros. Cuando ella volvió a Cristo, Él alumbró su camino, encaminó sus sentimientos, sanó sus dolores, quitó su depresión y ahora está feliz porque las cosas con Dios salen mucho mejor.
Viene a mi memoria también, la historia de una chica que yo quería levantar como evangelista; era toda una sierva y yo apostaba por ella pero hizo lo que quiso. Un día, yo iba en el auto y me cruzo con su esposo; la persona que iba conmigo me dijo que él la había abandonado. Esta chica hablaba conmigo cuando se le daba la gana, hasta que un día no habló más, se olvidó que tenía pastor, ni siquiera me vino a contar que su esposo la dejó. Cuando ella se enamoró le advertí que no estaba bien pero cuando quisimos ver ya estaba todo consumado. ¡Me da tanta tristeza que los cristianos pierdan el rumbo! ¡Es durísimo!
La Biblia nos enseña que no hay muchas maneras de ver una cosa, hay una sola y es según la perspectiva de Dios. Yo debo ver las cosas como las ve Dios, tengo que confiar en Él, debo entender que Dios no es un caprichoso que me quiere arruinar la vida, que no es un “manda más” que quiere quitarme las ilusiones y deseos: ¡No! Todo lo que Dios quiere destruir en mí, es para que me vaya bien. ¡Yo tengo que alcanzar la visión de Cristo! ¡Tengo que llegar a ver las cosas como las ve Él! Las cosas no son como me parece a mí, sino como Cristo las ve. ¡Tengo que ser uno con Él!
Los discípulos veían en el templo, un gran edificio, piedras talladas, algo imponente pero Jesús les dijo: “¿Ven todo esto?” Ellos veían un monumento y el Señor veía “esto”. Para Él era una cosa y utilizó una frase bastante despectiva; a Jesús no le causaba ninguna admiración, no le impactaba el edificio porque la gloria de Dios ya no quería reposar allí. ¡En ese templo se estaba ignorando demasiado a Dios! El señor dice en Isaías 55:8 y 9: “8Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. La idea de Dios es que caminemos en esos caminos más altos y que nos aferremos de sus pensamientos más altos. ¡El hombre fracasa porque desconoce los pensamientos y los caminos de Dios!
He estado leyendo un pasaje de la Biblia que dice: “Y vino hambre a Israel durante tres años” y el rey era David. Me imagino que durante tres años él diría: “Vamos a plantar trigo, vamos a cuidar el riego, etc.” Él había hecho todo lo que podía por mejorar la producción del país porque vino hambre, miseria, y pobreza. Imagino todo lo que habrán planificado, entre otras cosas habrán intentado utilizar las tierras que hasta ese momento no se usaban, habrán comprado más bueyes, y habrán puesto más gente a producir ganado, a buscar hierro, bronce, oro, etc. pero el hambre seguía. Por allá, al tercer año, según dice el pasaje bíblico, David consultó a Jehová; le dijo: “Señor, ¿qué pasa? ¿Por qué estamos pasando tanta hambre?” Cuando yo estoy predicando veo las caras de algunas personas, ¡Tan miserables! ¡No les va bien! ¡Muchas cuentas, poco dinero! ¡Un esfuerzo tan grande para poder pagar un boleto de ómnibus! ¡Se les va un porcentaje significante del sueldo en boletos! ¡Qué triste!
Dice la Biblia que David consultó a Jehová. ¿Cuántas causas debe haber para que en un país haya miseria, haya hambre? Y Jehová respondió: “…Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas” (2ª Samuel 21:1). Saúl ya había muerto hacía varios años, ahora David era el rey y había hambre en la nación; cuando le consulta a Dios, Él le responde: “Es por culpa de Saúl”. “¿Cómo por culpa de Saúl, Señor?” Saúl mató a los gabaonitas; éstos eran un pueblo al que le habían jurado que no destruirían, y vivían en medio del pueblo de Israel. Los gabaonitas engañaron a Josué, y esto había sucedido muchos años atrás, y Josué les juró que los dejaría vivir; Dios le exigió a Israel que cumpliera su juramento y cuando Saúl quiso exterminarlos la ira de Dios se encendió y quedó pendiente; parece ser que los gabaonitas por varios años estuvieron masticando bronca, odio, y juntando acusación delante de Dios por lo que había hecho Saúl. Él era el rey de Israel, así que la decisión que había tomado afectaba la nación. ¡Entérate que las decisiones que tú tomas afectan a las personas que te rodean! Si eres papá o mamá, no creas que has hecho todo bien y tu hijo te salió mal. ¡Somos responsables delante de Dios!
Saúl había matado a algunos gabaonitas pero por alguna causa no los exterminó; David los juntó y les habló: “Hemos entendido que nosotros hemos pecado contra los gabaonitas cuando el rey Saúl se levantó contra ustedes. ¿Qué acto de justicia debo hacer para que ustedes queden satisfechos?” Ellos le pidieron siete descendientes de Saúl para ajusticiarlos y David se los concedió y ahí se terminó el problema. ¡Mira cómo hizo David para poder saber por qué había hambre en la tierra! Él podría lavarse las manos con respecto al asunto de los gabaonitas pero había un hecho pendiente que reclamaba justicia delante de Dios, había pasado mucho tiempo del asunto. Hay gente que llega a la iglesia contaminada con alguna cosa pero dice: “Ya soy cristiano, Dios me ama, Él me perdona”. La persona cree que Dios le ha perdonado todo, pero no le ha entregado el resentimiento que tiene por ejemplo por su padre que la golpeaba o abusaba de ella, etc. Vino a Cristo, pidió perdón por todos sus pecados pero está reteniendo uno y ese pecado es una interferencia entre esa persona y Dios y está trayendo consecuencias; entonces no sabemos de dónde aparece una enfermedad o algún problema serio y es porque nosotros no vemos lo que ve Dios. ¡Para ver lo que Dios ve tengo que buscarlo con todo mi corazón, debo tener una buena relación con Él! Tengo que clamar a Dios, debo ser amigo de Él, no puedo creerme que Dios está bien conmigo así no más. La Biblia dice que la maldición nunca viene sin causa; para solucionar mis problemas con Dios tengo que lograr que Él me alumbre, yo no puedo ver lo que él ve; puedo amar mucho a Dios pero no estar viendo lo que él ve, así que tengo que pedirle que alumbre mi entendimiento, que abra mis ojos, así podré hacer todo conforme a su voluntad. David consultó a Jehová y Dios le dijo: “Pasa esto, esto y esto”.
En otra oportunidad, unos merodeadores habían destruido la ciudad donde habitaba David; el rey y todos los que con él estaban tenían esposas e hijos. David era el jefe de unas seiscientas personas; cuando volvieron a la ciudad y vieron sólo humo por el incendio, y que los enemigos se habían llevado a sus esposas e hijos, hasta el ganado, comenzaron a acusar a David. ¡Decían que él era el culpable, y muchos hablaban también de apedrearlo! Todos lloraban, estaban desconsolados, nadie sabía qué hacer. La Biblia dice que David consultó a Jehová, se fortaleció en Él, y le dijo: “Señor, ¿qué tengo que hacer, los persigo?” ¡Lo que menos había eran ganas de perseguirlos! Dice la Biblia que lloraron hasta que se les acabaron las fuerzas. Tal vez te ha sucedido eso, has llorado tanto que ya no te salían más lágrimas y cuando te cansaste de llorar te dormiste. En esa condición no te vas a subir al caballo y salir a perseguir al enemigo, sino que te tiras a dormir. ¡No quedan fuerzas! ¡No queda ánimo! Pero dice la Biblia que David se presentó delante de Dios, se fortaleció en Jehová su Dios y le preguntó: “¿Señor, me quedo acá o los persigo?” Y el Señor le dijo que los persiga porque los iba a alcanzar y vencer!
La perspectiva de Dios nunca es igual a la tuya. Ahora, imagínate que estás cansado, agotado, entristecido, deprimido, estás hecho bolsa, en la cama, a tal punto que te cuesta respirar, no quieres nada de nada pero viene Dios y te dice: “Levántate y corre”. Tú le respondes: “Señor ¿no puedo hacerlo otro día?” o “Señor, ¿qué ocurrencia es esta? ¿Justo en este momento? ¿No has visto el estado de ánimo en que estoy?” ¿Qué tal si Dios te dice: “Levantate y corre”? Tal vez digas: “¡Yo me quedo donde estoy!” Pero Dios nunca ve las cosas como nosotros las vemos: ¡Siempre tiene otra perspectiva! ¿Te ha pasado que crees que has golpeado todas las puertas y que hiciste todo lo que tenías que hacer y nada dio resultado? “Ya fui a todos lados, hablé con todas las personas, golpee todas las puertas, me siento fracasado, estoy hundido, no encuentro la salida”. Pero un día viene Dios y te dice: “Por acá querido”, y eso que parecía que no se iba a superar nunca, en un instante se supera. ¡Tú creías que no había una puerta más, pero Dios siempre tiene una puerta más!
En una oportunidad, el siervo de Eliseo estaba preocupado porque vio que estaban rodeados por los enemigos, y el profeta le dijo a Dios: “Señor ábrele los ojos para que pueda ver”. Entonces Dios le abrió los ojos al siervo y pudo ver que habían carros de Dios, un ejército mucho más numeroso que el que los había rodeado a ellos. La Biblia dice: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Salmos 34:7). ¿Cuánta conciencia tienes de esto? Tal vez eres de esos creyentes que no apaga la luz para dormir. ¡Qué terrible! ¡Teniendo un ángel que acampa a tu alrededor y tú durmiendo con la luz prendida! ¡Tú no lo ves pero Dios dijo que el ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende! Está bien, si no tienes temor de Dios, el ángel se duerme o se va por ahí. Así que hay cosas que tú no ves pero Dios sí. ¡Dios ve tantas cosas que nosotros no vemos! Por eso dice: “7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).
¡Cuánto nos cuesta confiar en los pensamientos de Dios! ¿Te sientes más seguro con los tuyos porque son tuyos, no? Ahí nomás dices: “Me parece tal cosa o siento tal otra” Pero, ¿cuánta conciencia tienes con respecto a lo que Dios quiere? Hay un término que cuesta entender en la Biblia y es “el temor de Jehová”. Ésta dice que el temor de Jehová te aleja del mal, es así como está escrito, si yo tengo temor de Dios no quiero hacer nada que lo moleste. Si no temo a Dios me da lo mismo que se moleste o no porque no me importa lo que Él piense. Pero si tengo temor de Él, lo busco, porque quiero saber y hacer lo que Él quiere y no quiero hacer lo que Él no quiere. ¡Y a los que le temen, Él los guarda! Significa que Dios advierte, alumbra, significa que no quiere arruinarte los planes sino que quiere destruirlos a todos, ¡porque tiene planes y pensamientos mejores! Él quiere que tú renuncies porque sabe lo que tiene para ti, sabe lo que tú necesitas, sabe para qué te trajo al mundo y para qué te creó. La Biblia dice que Dios ha preparado obras de antemano para que nosotros andemos en ellas. ¡Dios ya tiene caminos para ti, ya tiene obras para que trabajes en ellas y no en las tuyas propias!
Estar en mis pensamientos y en mis planes me lleva a correr los más grandes peligros. ¡Qué bueno que David consultó a Dios y supo la causa de la hambruna! ¿Se te hubiera ocurrido relacionar la hambruna con el pecado de Saúl? Muchas veces creemos que algo que pasó, quedó en el pasado; hay gente que me dice: “Pastor, yo fui a la umbanda pero fue hace tiempo”. Si quedó algo ahí, algún mal pensamiento o algún mal deseo, si quedó alguna marca, tiene que salir a luz, porque tú has venido a Cristo pero puede ser que estás ignorando que dentro tuyo hay cosas que te hacen pensar como el pae de la esquina, está tan incorporado dentro tuyo que tu mente ni siquiera te lo reprocha, pero tu búsqueda de Dios alumbra los pensamientos. ¡El temor de Dios alumbra el corazón! ¡La palabra de Dios alumbra! Así que la búsqueda de Dios nos libra de muchos males.
Te pregunto: ¿Tienes temor de Dios? ¿Te da lo mismo encontrarte con una maldición que evitarla? ¿Y si enfrentas alguna maldición, tienes la lucidez de correr a Dios y preguntarle qué hay detrás de eso? Cuando uno está advertido, se cuida más, pero el temor de Dios te da sensibilidad, te lleva a apartarte y alejarte del mal. Aprendí que ya no hace falta hacerse un análisis para saber si uno es diabético o no, sólo hay que medirse la cintura: El 50% de los hombres que tienen 102 cm de cintura son diabéticos, de cada dos hombres uno es diabético, así que anduve buscando una costurera que me preste un centímetro. Estuve en un foro de pastores y nos dieron un palo con el tema de la salud; cuando uno está advertido se cuida.
Si te dicen: “Mira que ya van cinco noches seguidas que roban en el barrio”. ¿Te descuidas de cerrar bien la puerta? ¡Así actúa el temor de Dios!
En este foro de pastores, nos dijeron que el 61 % de la población es obesa, pero el 76 % de los pastores somos obesos, o sea que estamos por encima del promedio de la población, somos los peores. ¡Qué locura! ¡Nos dieron con un palo! Yo pensé: “Tengo que caminar, tengo que cuidarme” porque nos hicieron sentir avergonzados, nos corrieron el velo y pudimos ver que estamos demasiado abocados a nuestras tareas y cuidamos muy poco nuestra salud; el doctor nos dijo: “Yo estoy seguro que hay una cantidad de pastores que tienen el colesterol alto, el azúcar y el ácido úrico”. ¡Yo me quedé calladito porque tengo alto todo! Y dijo más: “Eso es por desordenados, por no comer bien. ¿Han visto cuando el apóstol Pablo le dijo a Timoteo: Ya no tomes más agua por causa de tus frecuentes dolores en el estómago sino que usa un poco de vino? Yo les voy a traducir ese versículo: ¡Ya no comas más papas fritas por causa de tu colesterol!”
Cuando uno tiene luz y está advertido puede tomar decisiones correctas. Recuerdo una broma que viene al caso: El capitán de un barco se acerca a una luz y llama al capitán del otro barco que se le viene encima y le dice que tiene que virar 10 grados a la derecha, y del otro lado le contestan: “¡Aquí el marinero fulano de tal, gire usted a la derecha!” El otro le responde: “¡Gire usted, se lo ordeno, yo soy capitán y usted un marinero!” “¡Yo soy un marinero que está cuidando este faro así que si usted no gira se estrellará contra el faro!” ¡Entonces el capitán decidió girar! Si Dios te alumbra las decisiones serán siempre mejores, si tu relación con Cristo está pulida se corren muchísimos menos riesgos, por lo tanto necesitas tomar en serio a Jesús.
Una persona me dijo: “Yo considero muy bueno para la juventud que piense en Dios, aunque creo que el budismo es mejor que el cristianismo” ¡A esta persona le da lo mismo el budismo que el cristianismo! Es como el capitán que se va derechito contra el faro, si no se le enseña que se va a estrellar, irremediablemente se estrella porque no es lo mismo Cristo que Buda. Algunos dicen: “Es importante creer en algo”. ¡Cuántos creen en cuanta estupidez hay! ¡Estamos locos! ¡Lo importante es conocer a Cristo! ¡Lo importante es obedecer a Jesús y amarlo a Él! ¡Lo importante es saber quién es Él! Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo el que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida”. ¡Si quieres tener la luz, debes tener a Cristo en tu corazón! Así que son felices los que tienen a Cristo, tienen paz, caminan bien, soportan bien las dificultades. ¡Los que son de Cristo enderezan a tiempo el barco! Ahora, ¿Lo tienes en el corazón a Cristo o lo tienes colgado de una pared?
Un muchacho me dijo: “Yo a Cristo lo tengo en el centro de mi corazón, lo adoro, pero creo en la reencarnación”. Yo le respondo que Cristo murió en la cruz del calvario para resucitarlo y él se da el lujo de creer en la reencarnación y no en la resurrección. ¡Hay gente muy confundida! Quieren quedar bien con Cristo creyendo otras cosas que no son de Él. Si tú le das prioridad a alguna costumbre, a alguna enseñanza, doctrina o pensamiento que no es de Cristo, yo te digo que te irá mal. Sabemos que el arsénico es un veneno letal y con sólo una gotita te mueres. ¡O eres cien por ciento de Cristo o nada! ¡Tienes que renunciar cien por ciento a ti mismo! ¡Tienes que renunciar cien por ciento a tus pensamientos, a tus planes, cien por ciento tienes que ir a la cruz, cien por ciento tienes que morir a ti mismo para poder vivir en Cristo!
¿Cristo tiene tu permiso para hacer lo que Él quiere? Sin tu permiso Él no podrá hacer lo que quiere. ¿El puede destruir cualquier plan que tienes, puede llevarse a las personas que te rodean y no le vas a reprochar? ¿Le amas lo suficiente como para decirle: “Señor, nada de lo que yo pudiera perder me va a alejar de ti”? ¡Nada! Ni los ángeles, ni los demonios, ni el cielo, ni el infierno, nadie podrá separarme de ti Jesús.
¿Eres cien por ciento de Cristo? Porque si estás dudando en algo entonces no eres de Cristo, si estás dudando que toque algo entonces no eres de Él. Mientras yo te comparto este mensaje tú te estás evaluando, posiblemente el Espíritu Santo te habla: “Quedate en paz porque eres de Cristo” o tal vez te está golpeando en el pecho y te dice: “¡Hoy tienes que darle tu vida a Cristo!” ¿Por qué vas a dejar para más adelante? Nunca me voy a olvidar de un muchacho que vino a la iglesia desesperado y me dijo: “Pastor, necesito que me ayude, tengo mucho miedo, he cometido pecados muy grandes, no sé cómo hacer, ayúdeme, yo no sé cómo hacer para que Cristo me perdone porque conozco el evangelio pero me aparté y de pronto me encontré con unos deseos terribles de seducir a esposas de pastores y me acosté con muchas de ellas”. Oré con ese muchacho, le hablé, le expliqué que no había ningún pecado que Dios no pudiera perdonar, él estaba completamente condenado porque sabía que había destruido mucho pero llegó a creer, y cuando terminó de orar me dijo: “Pastor, siento paz. ¡Cristo me ha perdonado!” A la semana me enteré que en una parada un ómnibus lo habían atropellado y murió. ¡Me dejó marcado para toda la vida! Porque decidirse por Cristo no es una cuestión para pensar mucho. Hay muchos que piensan y piensan si se va a consagrar o no, y dicen: “No me quiero consagrar porque tengo miedo de fallar”. ¡Y la piensan como si hubiera alguna otra opción! ¡No hay más opción! O te consagras o ni digas que eres cristiano. ¡Eres de Cristo o no lo eres! Si te decides por Cristo, no lo puedes pensar más porque puedes perderlo, ¡te puede atropellar el ómnibus en la parada!
Este es un momento importante. Si no tienes certeza de ser de Cristo tienes que pedirle que tome tu vida y decirle: “¡No lo voy a pensar más! Me entrego en tus brazos, dame temor de ti, no voy a jugar más contigo, no te voy a mantener más en espera, hoy me voy a consagrar”. Repite esta oración y dile: “Señor, no quiero engañarme a mi mismo, yo se que no te puedo engañar. ¡Te quiero dar mi vida! ¡Tómame en tus manos, cien por ciento! Señor amado, límpiame, lávame, me consagro a ti en el nombre de Jesús, amén”.
ANEXOS: