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INTRODUCCIÓN
El libro de Jueces capítulo 9 relata una parte de la historia de Israel en la que no había reyes y los líderes que surgían en ese período, eran líderes regionales llamados jueces. Fue un período bastante anárquico; no había mucha dirección y una de las frases que se repite en este libro es: “Cada uno hacía lo que bien le parecía”. Así sucede en la vida de los jóvenes y niños, cuando los padres no les dan dirección y no les ponen límites. Esto es lo que sucede en la sociedad cuando hay más libertades que responsabilidades. En el período de los jueces todo era como un río revuelto, no había norte; fue un tiempo muy complicado, en el que hubieron jueces que trascendieron como lo fueron Sansón y Gedeón.
Si bien Gedeón, también llamado Jerobaal, fue un juez destacado, su debilidad eran las mujeres y tuvo setenta hijos. Se ve que tenía más interés en poblar la tierra que en ser padre. En Uruguay he visto hombres que han tenido muchos hijos y se sienten muy orgullosos por causa de ello; esto es algo trascendente para los medios, por lo que se busca entrevistarlos y esas personas se sienten muy importantes porque ven que son admiradas. Han tenido muchos hijos desperdigados por varios puntos del país. Cuando les preguntan si conocen a todos, dicen que no, ni siquiera saben cómo se llaman. ¡Esos no son padres sino sementales! Yo no sé por qué se llega a admirar esa clase de gente que tienen hijos por todos lados y los dejan a la misericordia de Dios; no les conocen el nombre, ni siquiera saben si comen o no, si sufren carencias o no.
Una joven me comentó que sus padres la entregaron a una familia sustituta del INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay) quienes tenían un hijo, el que abusó sexualmente de ella desde que tenía cuatro años, hasta los dieciocho. Ella me contó que su padre biológico se enoja porque está viviendo en un hogar de Beraca y me dijo: “¡Ahora mi papá quiere ser mi papá! Nunca más apareció, me crié en otra familia y encima se enoja porque yo no le hago caso”. ¡Hay padres difíciles de entender! Nosotros amamos las familias, amamos el matrimonio, los hijos, los nietos; ellos son el regalo más grande de Dios para nosotros. Quienes no saben valorar a sus hijos no saben valorar la vida. ¡Los hijos no son un estorbo! ¡Dice la Biblia que los hijos son una bendición!
Gedeón o Jerobaal tuvo setenta hijos. Uno de ellos lo tuvo con una criada y se llamó Abimelec, y los sesenta y nueve restantes fueron hijos de otras mujeres de Jerobaal. Cuando éste murió, Abimelec se preguntó quién iría a reinar en su lugar ya que eran setenta hijos y fue a visitar a los parientes de su madre que vivían en una región llamada Siquem. Allí les habló y les dijo: “Ustedes son mis hermanos. ¿Quieren que los gobiernen setenta hijos de Gedeón o que reine yo sobre ustedes, que soy vuestro hermano?” Y los de Siquem acordaron que sea él quien reine y le dieron dinero para que éste alquile gente mala y ociosa, entonces fueron hasta donde estaban sus hermanos, hijos de Gedeón y los mató a todos, degollándolos sobre una piedra. Su ambición de reinar lo llevó al punto de quitarles la vida. ¡Qué historia triste! Tener muchos hijos no te asegura una gran descendencia; tiene una gran descendencia aquel que ama a Dios y confía en Él. ¡Abraham tuvo un solo hijo y llegó a ser padre de naciones!
Cuando Abimelec hubo matado a todos sus hermanos se quedó tranquilo y fue nombrado rey, pero uno de ellos logró escapar, su nombre era Jotam. En el momento en que era nombrado rey, su hermano Jotam desde arriba de una montaña gritó: “Oídme, varones de Siquem, y así os oiga Dios. Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano. Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos (porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su vida al peligro para libraros de mano de Madián, y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano); si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros. Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec. Y escapó Jotam y huyó, y se fue a Beer, y allí se estuvo por miedo de Abimelec su hermano” (Jueces 9: 7 al 21).
Es una historia un poco complicada de entender pero lo cierto es que al no haber árboles que quisieran gobernar sobre los demás árboles, terminaron pidiéndole a la zarza que gobierne. La zarza es un arbusto más bien pequeño, no llega a ser grande como un árbol y no tiene leña, en síntesis, no sirve para nada; no sirve ni para fuego porque se quema rápido. Pero este arbusto que tenía ínfulas, dijo: “Esta es mi oportunidad de ser rey y si voy a gobernar sobre los árboles pondré como decreto que todos vengan a ponerse bajo mi sombra”. ¡La zarza no tiene ni sombra! Pero cuando nadie quiere liderar, se cumple una frase que dice: “En liderazgo no hay lugares vacíos. Todo lugar vacío lo ocupa alguien”. Si en un hogar falta la autoridad paterna, los chicos salen a buscar paternidad y a veces la encuentran en la droga o en algún delincuente de la esquina que les presta atención, los cuales, como utilizan menores para sus fechorías, se hacen amigos de ellos. Les ofrecen alcohol y marihuana y les dicen que tienen algo más para hacerles probar pero son muy chicos y dentro de un tiempo cuando crezcan un poco más, sabrán qué es. El chico admira a esa persona que sí le presta atención y que le quiere dar un lugar en la vida. Así que un delincuente termina ocupando el lugar del padre.
En liderazgo no hay espacios vacíos, siempre habrá alguien que lo ocupe. Si hay un papá timorato o débil en la casa, la esposa tiende a ponerse los pantalones. El nene le dice al padre: “¿Me das dinero?” y éste le responde: “Pedile a tu madre”. “Papá ¿me das permiso para ir a tal lugar?” “Decile a tu madre”. ¡Viejo inservible! “Vieja, ¿llevaste a los niños a la escuela? ¿Hablaste con la directora? ¡Te dije que hablaras con la directora!” ¡Inútil! La madre suple la ausencia de padre y llena el espacio.
En el orden espiritual sucede igual, si Dios no llena tu alma, los demonios querrán llenarla. Donde no está Dios, el vacío tiende a ser llenado por poderes espirituales de maldad. Jesús dijo: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero…” (Mateo 12: 43 al 45) En lo espiritual no hay lugares vacíos, tu vida la llena Dios o los demonios. “¡Ah, no pronuncie la palabra demonio, que me asusta!” ¡Ojalá te pudiera asustar! Hay personas que ni se enteran que los demonios le llenan la cabeza.
El alma es la sede de nuestros pensamientos y sentimientos; hay tres clases de vida, la bilógica, que es la vida del cuerpo: sangre, células, etc., la vida síquica o anímica que es la del alma, y la vida espiritual. Si ésta última no alumbra, el alma estará desenfocada en una especie de anarquía buscando el norte sin poder hallarlo, porque el alma sin Dios está extraviada y perdida.
Hace un tiempo atrás, los hermanos de Brasil nos trajeron un dron cuadricóptero y pensamos en que sería lindo utilizarlo para filmar secuencias de los campamentos. Cuando lo hicieron funcionar, el dron subió hasta cierto punto y se vino a pique, golpeándose contra los árboles. Intentaron hacerlo andar pero no hubo caso, entonces se lo entregamos a los hermanos de Brasil y lo llevaron de nuevo para que lo revisen. Lograron arreglarlo y al año siguiente volvieron con el dron. Lo armaron, lo hicieron andar y subió hasta determinada altura, de ahí comenzó a caer dándose contra las paredes. ¡No podían hacerlo funcionar! Hace poco un creyente que entiende de eso lo investigó bien y nos dijo que tenía averiado el GPS. Si ese sistema funciona mal entonces el dron está desorientado. El GPS sirve para que el dron se ubique respecto de las cosas que hay alrededor; cuando se logra configurar el dispositivo, éste puede volver al punto de partida. ¿Tú estás necesitando orientación? El Espíritu Santo es tu GPS. ¡Él tiene que alumbrar tu alma! No alcanza con que tengas razonamientos y pensamientos; no alcanza con que tengas emociones aunque parezcan buenas, si la luz no viene de Dios, tu alma andará extraviada.
La civilización está extraviada, el mundo está extraviado. Señala la Biblia que cada cual se apartó de su camino, que no hay justo ni aún uno, no hay uno solo que haga el bien. El hombre no conoce y no sabe qué es la verdad; ésta se le escapa de las manos. El hombre define como verdad una cosa y al poco tiempo decide que eso ya no es más verdad. ¡Es triste lo que le sucede a la sociedad! Un día los psicólogos te dicen una cosa respecto del homosexualismo, de la niñez o la maternidad pero al tiempo te cambian la definición. Hasta hace unos años atrás la psiquiatría definía la homosexualidad como una enfermedad, ahora dicen que no es una enfermedad sino un derecho. ¡El hombre está extraviado! ¡Le falla el GPS!
En épocas de la revolución francesa, el hombre creyó haber hallado el GPS, comenzó a creer y a confiar en la razón diciendo: “La razón es la razón. No hay nada que se escape de ella. El hombre va a encontrar siempre la verdad porque la razón siempre le guiará”. ¡Ellos creyeron que eso era el GPS! Hasta hicieron un monumento a la diosa de la razón y la introdujeron en una iglesia católica de Notre Dame donde celebraron adorando a la diosa de la razón. Desde allí comenzaron a enseñar que procedemos de la materia inerte; comenzaron a enseñar científicamente, porque todo lo que tiene que ver con Dios, ellos dijeron que correspondía a la mitología. Entonces se apoyaron en la razón pero andando el tiempo se dieron cuenta que la razón no tenía razón. Descubrieron que algunos pensamientos filosóficos te guían en una dirección y otros pensamientos te guían en otra. Hay una gran cantidad de corrientes filosóficas y todas responden a la razón pero no todas van juntas. El hombre confió en la razón todo lo que pudo pero ésta le falló y el hombre no es razonable.
Yo me pregunto acerca del hombre que ahora quiere ser el papá que nunca fue, que ve bien a su hija: ¿por qué la dejó? ¿Verdad que eso no es lo más razonable? Es que la razón no tiene poder para guiar al hombre y por ende no lo guía bien. En la ciudad de Artigas hay una joven que vive en uno de nuestros hogares Beraca y me dijo que se siente feliz, contenida, etc. Me contó que cuando llegó al hogar se encontraba perdida sin saber qué hacer con su vida. Yo le pregunté cómo había sido la relación con su papá y me respondió: “Yo no tuve papá. Mis padres se casaron estando mi madre embarazada. Tuvieron una ceremonia religiosa y cuando ésta finalizó salieron afuera de la iglesia y en la vereda mi papá le dijo a mi mamá: “Anda a la casa de tu madre junta tus cosas, yo voy a mi casa a hacer lo mismo y te paso a buscar”. ¡El hombre nunca más apareció! “Me crié sin papá”, me dijo la joven. ¿A qué razón obedece esa clase de conducta como la que tuvo ese padre? ¿Cuál es la razón por la que el hombre crea la bomba atómica? ¿Cuál es la razón por la cual la sociedad considera que las madres maten a sus hijos? A la razón del hombre se le estropeó el GPS y a ese tiempo se le llamó modernismo en donde se creía en la razón.
Al comienzo dije que el alma es la sede de los pensamientos, de los razonamientos y las emociones; y el hombre dejó de creer en la razón y comenzó a darle trascendencia a lo que siente, buscando experiencias espirituales. Y se le llama experiencias espirituales a cualquier cosa, pero al hombre ya no le importa si tiene razón o no, ahora le importa hacer lo que siente, por lo que ya no hace lo que es razonable sino lo que siente. En consecuencia, ¡hace tremendas atrocidades! Si le preguntas por qué hizo tal cosa, te responderá que lo hizo porque lo sintió. ¡Ya no importa la razón! Una niña se enamora de un joven que ha asesinado gente, que comercializa droga y la madre le dice: “¡Ese hombre no te sirve!” Y la chica que pretende obedecer a lo que siente, le responde: “¡Pero yo lo amo!” La madre le pide al pastor que hable con su hija y éste le dice que es un sinvergüenza, que tiene muchas mujeres y ella encaprichada repite lo mismo: “¡Pero yo lo amo!” ¡Hace caso a lo que siente! Hoy en día le preguntas a la gente por qué hace lo que hace y si cree que está bien o está mal y te responderán: “A mí no me importa si está bien o está mal, lo hago porque lo siento y punto”. Si no importa si está bien o está mal entonces ya no opera la razón sino las emociones; y si uno no tiene a Dios que alumbre el alma viene a ser como el dron al que le falta el GPS, que se estrella contra la pared y se vuelve a estrellar.
Si Dios no ocupa el lugar que corresponde en tu alma, ¿quién lo está ocupando? Yo sé de parte de Dios que hay mucha gente desorientada y es importante que Señor tome las riendas de tu vida. ¿A dónde vas si no es Dios quien te dirige? ¡Nunca más declares: lo hago porque lo siento! Ojalá puedas decir que lo haces porque así Dios lo quiere aunque no lo sientas y no quieras hacerlo, pero eres obediente al Señor. Ojalá puedas conocer la voluntad de Dios y decir: “Lo voy a hacer porque Dios así lo quiere”. ¡No hay verdad en el hombre! Dice la Biblia: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová” (Jeremías 17:5). En el corazón del hombre no reside la verdad; la verdad reside en Dios. Señala la palabra de Dios que el Espíritu Santo nos guía a toda verdad. ¡La verdad debe alumbrar tu vida y guiarte! Si la verdad no está en ti y por ende no te alumbra, tú irás en cualquier dirección como un barco sin timón al que lleva el viento para cualquier lado. ¡Nunca sabes para dónde vas ni en qué vas a terminar! Dios hoy le quiere dar dirección a tu vida y anhela que le pidas: “Toma mi alma”.
Conozco pastores que no han podido establecer una iglesia y son presidentes de organizaciones pastorales. Ocurre también en las empresas y en otros lugares. ¡Hay zarzas gobernando, hay zarzas pastoreando! Y la zarza soberbia dice: “Que vengan todos a cobijarse bajo mi sombra”. Hay apóstoles que andan por las naciones ejerciendo su apostolado, que han fracasado en sus propias iglesias, no han podido sobrellevar una congregación pero ellos son apóstoles. ¡Que Dios te libre de ir bajo la sombra de alguno de esos!
La joven que mencioné y que se crió en un hogar sustituto, su padre le ha mandado una carta en la que señala que está molesto con nosotros y con ella porque está sirviendo a Dios. Esa carta la entregaron unos psicólogos del INAU a la joven, ¿y qué dicen ellos al respecto? “Esta no es la carta de un padre a una hija sino la de un hombre que anda buscando una mujer”. Los líderes somos cobertura espiritual, como los padres y las madres. En el plano espiritual, si Dios no es tu guía y alumbra tu alma, hay espíritus deseosos de tomar el lugar de Dios. ¡Zarzas que no sirven ni para el fuego! Y así en todos los órdenes de la vida en los que no hay vacíos porque todo vacío se llena. Es por eso que les digo a los hombres que amen a sus esposas y las cuiden, que no sean ásperos con ellas porque si no la valoran, siempre habrá algún vecino que se la quiera cuidar. Sale el marido de la casa insultando y dando un portazo porque está enojado y ella se queda viéndolo. Entonces aparece el vecino y le dice: “¿Cómo le va vecina? ¿Le puedo ser útil en algo?” El hombre le grita al hijo: “Salí de acá me tenes cansado” y el vecino dice: “¡Qué lindo nene que tiene!” Saca un caramelo y se lo da al niño. ¡Qué dulce el vecino! Siempre habrá alguna zarza, alguien que quiera meterse en tu vida y dominar tu mente. ¡Hoy tienes que ser alumbrado por Dios! ¡El Señor hoy te lo está advirtiendo!
Tu alma quiere resolver cosas pero no está capacitada para hacerlo; ésta debe ser obediente y sujetarse a lo que Dios dice. La verdad no está en tu mente sino en la palabra de Dios; y su palabra es poderosa. Ya hemos aprendido que su palabra es espíritu y es vida, o sea, tiene capacidad propia para producir fruto positivo de Dios. ¡O te sometes a tus razonamientos y sentimientos o te sometes a la palabra de Dios! El Señor no tiene problema con el espíritu del hombre sino con su alma y Él dice: “El alma que pecare, esa morirá…” El alma quiere resolver sus problemas y situaciones dejándolo a Dios de lado, pero termina enredándose en sus pensamientos, razonamientos y sentimientos llenándose de ansiedades, afanes y preocupaciones. Cuando uno está lleno de preocupaciones no puede oír la voz de Dios. Si mientras estoy predicando, me pongo a pensar que al otro día tengo un vencimiento y no cuento con el dinero, entonces no puedo predicar bien. ¡Si estás lleno de preocupaciones, la voz de Dios será un ruido más! Tu alma tiene que aquietarse delante de la presencia de Dios para poder oír su voz. Leemos en el Salmo 62:1: “En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación”. No tengo apremio porque en Dios estoy escondido. Solamente en Él mi alma está en reposo. El salmista declaró: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma…” ¡Sólo Dios le da confort al alma! Los sentimientos y pensamientos mantienen al hombre mareado pero cuando uno logra ponerse en paz delante del Señor es cuando Él puede hablar al corazón. “¿Cómo hago para saber cuál es la voluntad de Dios?” ¡Quédate quieto! “Pero yo quiero hacer algo…” ¡No hagas nada, quédate quieto en la presencia de Dios! Dice el Salmo 37:5: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará”.
¡Tú estás apurado pero Él no! ¿Para qué te apuras y quieres apurar a Dios? Tú dices que se te está yendo la vida y crees que a Dios también, te enojas con Él y andas acelerado. ¡Si el que le va a poner un norte a tu existencia es Dios! ¡Él le dará dirección a tu vida! No pretendas resolver lo que el Señor tiene que resolver en tu vida, acércate a Él y pídele perdón si estás apurado y lleno de ansiedades. Hay quienes quieren servir a Dios y se ponen mal porque pareciera que nadie los toma en cuenta, entonces se quejan que se les está yendo la vida y siguen sin hacer nada. ¡Tranquilo! ¡Tranquila! ¡Dios existe! ¡No estés afanoso o afanosa! Presta atención a este mensaje que viene de parte de Dios. Hay gente que prefiere quedarse en su casa, viendo el mensaje por Internet mientras toma mate, habla con su familia, mientras ladra el perro, pero no es lo mismo. Cuando tú apartas un tiempo para ir a la iglesia y preparas tu corazón para escuchar la palabra de Dios cortando con toda otra conexión que te abruma, podrás escuchar la voz de Dios. Y hoy el Señor te dice que tienes que pedirle perdón porque siempre andas apurada o apurado.
Jesús fue a la casa de Marta y de María; Marta estaba afanada en los quehaceres de la casa pero María estaba absorta a los pies del Señor escuchándolo. ¡Estaba feliz y no quería saber nada con la casa! Tenía toda la semana para limpiarla. Ella sólo quería escuchar a Jesús; cuando el Señor vio el hambre que tenía, comenzó a dialogar con ella y María lo miraba a los ojos mientras Él hablaba, pero llegó Marta y le recriminó: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.
¿Qué es lo que te apura? ¿Los negocios, tu hijo que se droga, tu cónyuge? ¡Que nada te afane! El alma necesita ser puesta bajo liderazgo. No te pongas bajo la cobertura de la zarza; que tu cobertura sea el Espíritu Santo. ¡Deja que Él te llene hoy!
La historia del libro de Jueces que he citado termina cuando Jotam contó acerca de la zarza y dijo: “Si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros. Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec”. Y sucedió tal cual, los mismos que lo habían levantado como rey se volvieron contra él. Abimelec levantó un ejército para ir a destruir a los de Siquem, su propia familia. En medio de la batalla un grupo de personas se fueron a refugiar en una torre y él decidió quemarla, pero una mujer que estaba arriba de la torre arrojó una piedra de molino que cayó sobre la cabeza de Abimelec. Siquem quedó destruido y Abimelec también, cumpliéndose la profecía que había hablado Jotam: “Fuego salga de Siquem que consuma a Abimelec”.
Pídele a Dios que Él sea tu cobertura y quien llene tu alma y tu corazón. El Espíritu Santo quiere ser tu rey, ¡no le entregues tu territorio a otro! ¡No permitas que otro reine en tu lugar! Dile al Señor: “¡Dios mío cuánto afán tengo! ¡Cuántos pensamientos y sentimientos me embargan! Muchas veces no puedo dormir pensando en tantas cosas. Líbrame, Padre, de este afán y de esta ansiedad. Que mis pensamientos y mis sentimientos se alineen con los tuyos, Dios mío, te lo pido en el nombre de Jesús. Prevalezcan tus pensamientos y tus consejos, Señor. ¡Vengo a socorrerme bajo la sombra de tus alas! En el nombre de Jesucristo hago esta oración, amén”.
ANEXOS: