Av. 8 de octubre 2335
Montevideo
WhatsApp:(+598) 095333330
El capítulo 3 del libro de Josué muestra un momento trascendente en la historia del pueblo de Israel, y es cuando están por cruzar el Jordán. Éste es un río que corre de norte a sur, y entre el Jordán y el mar Mediterráneo está lo que hoy llaman Palestina, o lo que es la tierra de Israel, y del otro lado del Jordán está lo que hoy es Transjordania.
El pueblo de Israel estaba del otro lado del Jordán y tenía que cruzar hacia este lado del río, donde se ubica la tierra que Dios le había prometido a Abraham, a Isaac, a Jacob y a toda su descendencia. O sea que, cruzando el Jordán ya estaban pisando la tierra que Dios les había prometido.
Todos tenemos una tierra prometida; la mía se llama República Oriental del Uruguay; todos tenemos un territorio de conquista, un territorio de bendición, donde la mano de Dios estará sobre nosotros, donde habrá lluvia en el tiempo que se necesite, y dejará de llover en el tiempo que sea necesario. ¡Todos tenemos una tierra, que es el lugar asignado por Dios para bendecirnos! Yo no puedo estar en otro lado, tengo que estar en mi tierra, la que Dios me ha prometido. Yo se que si me voy a Estados Unidos porque allí hay más posibilidades económicas, no estará la bendición de Dios sobre mi vida, porque Él me trajo a Uruguay y su bendición está sobre mí en este país.
Cada uno de nosotros tenemos que saber cuál es el territorio de nuestra bendición. Cuando hablamos de territorio, no solamente estamos refiriéndonos a un lugar geográfico, sino por ejemplo, a un trabajo que Dios me dio, una profesión, que tiene que ser la que Dios me dio, una familia, la que Dios me dio; la esposa, no la que yo elegí, sino la que Dios ha elegido para mi… ¡Esos son los territorios de Dios! Pero el territorio de Dios hay que conquistarlo; por ejemplo, tú dices: “Esta mujer que Dios me ha dado no me sirve”. Es que a la mujer hay que conquistarla: ¡Territorio difícil varones!, pero se conquista.
Era un momento muy importante para el pueblo de Dios, un momento decisivo; ¡por fin, después de muchos inconvenientes, habían llegado a ese lugar! Debemos recordar que habían llegado en alguna oportunidad, hacía cuarenta años atrás, pero se acobardaron y no entraron; por lo tanto, Dios les había dicho: “¿Ustedes no quieren entrar a la tierra prometida? ¡Entonces vuelvan al desierto!” Les costó, no solamente el desierto sino, la muerte en ese lugar, de todos aquellos que habían resistido la voluntad de Dios.
Dios elige a Josué, porque él era uno de los dos espías que se había puesto de parte de la visión de Dios y que, cuarenta años atrás animaban al pueblo diciéndoles: “¡No retrocedan! ¡Vamos a conquistar! ¡Dios está con nosotros!” Pero, el pueblo no quiso, y Josué se tuvo que ir con ellos cuarenta años al desierto. No obstante, Dios declaró que sólo Josué y Caleb iban a entrar a la tierra prometida porque habían creído en su visión.
Leamos Josué 3:7: “7Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo”.
¡Qué lindo cuando Dios engrandece a alguien! ¡Qué lindo es cuando no necesitamos engrandecernos a nosotros mismos! ¡Y qué feo cuando nos engrandecemos a nosotros mismos! Dios le declaró a Josué: “A partir de hoy comenzaré a engrandecerte, a ponerte en alto delante de los ojos de todo Israel, para que sepan que como estuve con Moisés también estaré contigo”. ¡Gloria a Dios! Un hombre se hace grande porque Dios lo enaltece; un hombre se hace poderoso porque Dios lo hace poderoso.
¿Cómo hizo Dios para engrandecer a Josué delante de los ojos del pueblo? Lo envió a decirles a los sacerdotes que tomaran el arca del Pacto y que cruzaran el río Jordán. El Jordán es un río que tiene épocas de crecida y épocas en que trae poco agua, y justo cuando tenían que entrar en la tierra prometida, era la época en que el agua se desbordaba por todos lados. ¡Como que el diablo estaba metido en el tema!
Eran unos tres millones de judíos que tenían que cruzar el río y justo Dios les da la orden de que pasen en el tiempo de la crecida, ¡algo muy difícil!, además de las ovejas que traían, los burros, las vacas, esposas, abuelos, bebes y niños. ¡Estaba complicada la cosa!
Sigamos leyendo Josué 3:8 y 9: “8Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. 9Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios”.
Se paró Josué y les dice, tal como lo hago yo: “¡Escuchen palabra de Jehová!” La gente lo miraba y comentaban: “Dice que lo que él va a hablar son palabras de Jehová…” ¡Yo también hoy te hablo palabra de Jehová, no te estoy contando un cuento, ni lo que a mí me parece, te hablo de parte de Dios!
Los escépticos comenzaban a decir: “¡Este se está agrandando! ¿Quién se cree que es?” Otros señalaban: “Bueno, este es el hombre que Dios puso, debe estar hablando palabras de Jehová” o “¿Qué se creerá este morocho narigón? ¿Qué se creerá este gordito?” Cada uno habrá dado su opinión, pero, el tema es que Josué les dijo: “¡Oigan palabra de Dios!” Josué 3:10 y 11 continúa diciendo: “10Y añadió Josué: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros, y que él echará de delante de vosotros al cananeo, al heteo, al heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo. 11He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del Jordán”.
En ese momento se vería si verdaderamente era palabra de Jehová o no. El arca del pacto era bastante grande y pesada, estaba revestida de oro y la cargaban entre varios sacerdotes, entonces pensaron que si el arca del pacto pasaba ellos también lo podrían lograr. ¡Estaba como para que el río se llevara a los sacerdotes con arca y todo! ¡Algunos ya la veían flotando! ¡La cosa se ponía más interesante! El siervo de Dios les dijo: “¡Escuchen palabra de Jehová!” Me imagino que algunos dirían: “Sí, otro día te escucho…” Josué continúo diciendo: “El arca del pacto pasará delante de vosotros…” “¡Upaaa! ¡Esto estaba lindo para verlo! Mas Dios le dijo: “Desde esta día comenzaré a engrandecerte ante los ojos del pueblo”.
Dios no engrandece a una persona con hechos simples, sino con hechos sobrenaturales. Cuando Él toma una persona para levantarla, empieza a producir a través de ella hechos sobrenaturales y esa persona se vuelve resistente a las embestidas del infierno y de las circunstancias.
El Jordán podría ser un grave problema en tu camino; tu destino es la tierra prometida pero el Jordán es un estorbo grande, representa las cosas que se te vienen encima cuando decides servir a Dios. No es que se te allana el camino, se te complica la cosa cuando quieres servir a Dios. Muchos dicen: “¡Justo ahora que me quería consagrar, que quería servir a Dios, se me vinieron estos problemas!” Bueno, los problemas aparecen “justo” cuando nos decidimos a servir a Dios; es justamente ahí cuando el diablo dice: “A este lo vamos a tener que detener. ¡Le tenemos que meter un Jordán adelante! ¡Vamos a tener que mandarle circunstancias conflictivas para frenar su fe!”
Josué 3:12 y 13 continúa diciendo: “12Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu. 13Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón”.
¡Aquí ya estaba hablando pavadas el siervo de Jehová! El río viene bajando y él les dice que cuando ellos pisen el agua, éstas se frenarán desde arriba, y comenzarán a embalsarse como si hubiera tal cosa como un embalse, y las que descienden se irán al mar. ¡Ahora sí, estaba lindo para ver si realmente este hombre hablaba de parte de Dios o no!
Sigamos leyendo Josué 3:14 al 17: “14Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto, 15cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega), 16las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó. 17Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco”.
Primer punto: Si Dios tiene planes contigo, no los discutirá contigo, Él no cambiará de planes porque a ti te parece que la cosa está difícil. Si Dios tiene planes para ti, no entrará en razones porque tú quieras razonar con Él. Recordemos cuando Moisés comenzó a discutir con Dios, que él no era la persona indicada para ir a liberar al pueblo. ¿Quién ganó, Moisés o Dios? ¡Siempre va a ganar Dios! Y si Él no ganara, tú te quedarás en el desierto, pero Dios hará entrar al pueblo a la tierra prometida contigo o sin ti. No es que Dios tratará de crear un plan B. Cuarenta años atrás, el pueblo no había querido entrar a la tierra prometida; ahora estaba Josué, y ahora entrarían porque Dios no cambia sus planes.La Bibliadice que los planes de Dios son eternos. Cuando Él te trajo al mundo, no creó un plan transitorio sino eterno, tú formas parte de un plan eterno, tus días no se terminan en esta tierra porque todo lo que Dios hace es eterno. ¡Es importante que sepas esto! Tú no has venido porque una mujer quedó embarazada y Dios dijo: “¡Uh, Esther quedó embarazada! ¿Qué voy a hacer, ahora va a nacer Sara?” ¿Te lo imaginas a Dios así? Será una sorpresa para Esther que quedó embarazada, pero para Dios nunca fue una sorpresa que nacería Sara, porque Él nos conoce desde antes que estemos en el vientre de nuestra madre.
Mi mamá tenía planes, ella quería tener una nena, entonces, cuando quedó embarazada de mí, pensó: “Dios me va a dar una nena”. Compró un ajuar todo rosado, ¡pero aparecí yo! Mi mamá tenía planes pero Dios tenía los suyos; ella quería una nena que la ayudara y Dios quería un apóstol en Uruguay. ¡Ella estaba chocha con una nena, pero Dios estaba chocho con el nene! Me vio a mi, y medio que se consoló porque yo era muy lindo y se dijo: “Está bien, la próxima vez Dios me va a dar una nena”. Quedó embarazada nuevamente y nació mi hermano Hugo, que es pastor en la ciudad de Neuquén, así uno tras otro, cuando llegó al cuarto embarazo, todos nacieron varones, ¡ninguna nena! Decidió que no tendría más hijos pero quedó embarazada por quinta vez. ¡Ella hizo planes de no quedar embarazada y Dios hizo planes para que ocurriera! Entonces dijo: “Ahora sí, Dios me va a dar una nena”, pero nació mi hermano menor, Ricardo. ¡Nacieron cinco varones!
¿Tú le vas a cambiar los planes a Dios? ¿Naciste nene y quieres ser nena? ¡No te a va a funcionar! ¿Naciste nena y quieres ser nene? ¡No te va a funcionar! ¡Tú no podrás revertir los planes de Dios! Pero si tú te rebelas, Él también tiene un plan, tiene un laguito de fuego y azufre: ¡Tú no vas a poder con Dios! ¡Sus planes son eternos!
No se trataba de que si el pueblo quería o no ir a la tierra prometida; Dios tiene planes eternos. Quiero contarte que en ese lugar está la roca de Sión, allí se encontraba la ciudad de David, allí está el lugar del trono de Jehová, donde Jesús establecerá su reinado universal desde Jerusalén. En ese entonces, los hebreos no tenían ni idea de estos planes, lo único que sabían era que tenían que ir a la tierra que Dios le había prometido a Abraham. Ellos no podían establecerse en otra tierra, Dios no les daría otro lugar ni los bendeciría en otro lugar, porque los planes de Dios son eternos.
¡Dios no cambia de planes! No se trata de que, porque los palestinos o los árabes están enojados, Dios dará vuelta su plan. Desde antes de que entraran en la tierra prometida, Él tiene pensado, en el futuro, poner su trono en ese lugar. Así que, se enojarán los árabes, los musulmanes, se enojarán Rusia e Irán, harán todo lo que quieran, pero Dios va a establecer su trono en Jerusalén.
No es una cuestión anecdótica, no es un hecho histórico que señala la hazaña de haber cruzado el Jordán, ¡no! Se estaban cumpliendo los planes eternos de Dios. Es por eso que Dios les prometió que iban a derrotar al cananeo, al heteo, al heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo, a todos los feos que había allí. ¿Por qué? ¿Porque Dios quería defender a su pueblo? ¡No! ¡Fue porque Dios había determinado que esa tierra que iba a ser para su pueblo sería para Él!
El punto que estoy tratando en este mensaje es: Si tienes una orden de parte de Dios, no esperes que se abra el Jordán, crúzalo.
He estado hablando con un hermano que se va de la iglesia porque tiene miedo que Dios lo mande a un centro comunitario. Un día lo abordo y le digo que Dios lo está llamando a formar parte de las comunidades, y comienza a poner peros: “Sí, pero mi familia, mi esposa, mis hijos…” Yo le digo: “Lo que tienes es miedo, eres un cobarde”. De pronto me entero que se va de la iglesia y lo llamo por teléfono, a lo que me responde: “Lo que pasa es que usted me dijo que soy un cobarde, hay que hacer todo lo que usted manda porque dice que habla de parte de Dios”. ¡El hombre huye de Dios como Jonás! Cuando Dios mandó a Jonás a predicar a Nínive, Él se fue a otro lado y en medio del mar lo traga un pez; ¡estoy seguro que a este hermano lo va a agarrar un pez bien grande! Pero yo soy el que hace el papel de malo. El hombre me dice que no quiere discutir conmigo, y yo le respondo: “Bien, no discutamos, quédate en la iglesia pero no te vayas. No vayas a las comunidades”. “Lo que pasa, es que cuando usted impone su voluntad…” “No, yo no te impongo mi voluntad, quédate tranquilo en la iglesia, yo soy tu pastor y te amo, yo te parí en Cristo, eres mi hijo espiritual, ¡no te vayas!” “No, no, es que yo me siento mal”. “¿Pero yo te ofendí?” “No, usted no me ofendió”. “¿Entonces por qué te vas, por qué me dejas y no me amas?” ¡No sabía ni explicarme por qué se iba! Dios ya le ha mostrado varias veces lo que Él quiere, pero el hermano tiene miedo, es como que está parado frente al Jordán esperando que se abra para pasar. ¡Está esperando que las condiciones sean favorables! Yo debo decirte que cuando Dios manda a alguien a hacer algo, las condiciones se ponen desfavorables, pero Él te dice: “¡Me tienes que seguir y me tienes que servir!”
Debo advertirles a todos mis queridos hermanos que cuando Dios salva a alguien, le perdona los pecados, Él lo hace para bendición del que salvó, para beneficio del que es perdonado pero también lo hace para beneficio propio; Dios te dice: “Yo te salvé, ahora eres mío o mía, y yo tengo planes contigo”. No es para beneficios tuyos, de tus planes sino para beneficios tuyos y de los planes de Dios. En otras palabras: Dios te ha salvado, si es que eres salvo, es para que le sirvas; Dios te ha perdonado, si es que eres perdonado, es para que seas suyo y para que le sirvas.
Dios no va a discutir sus planes contigo, Él ya tiene planes antes de perdonarte, antes de traerte al mundo. Posiblemente hay gente que se molesta con esto, les da bronca porque no quieren soltar sus planes. Algunos están pecando y dicen: “Yo no quiero dejar de pecar, a mí gusta”. Se han metido con la mujer que no debían y se hacen los tontos, sigue con ella de cabezón que son, pero no tendrá bendición. Piensan: “Yo quiero tener esto y hacer esto y además quiero la bendición de Dios”. ¡Tu abuela! ¡Dios no cambia los planes que tiene! No se trata de que mejoren las condiciones atmosféricas para servirle, Dios quiere que le sirvas aún con las condiciones atmosféricas desfavorables.
El tema no era que se iba a abrir el Jordán y ellos iban a pasar, sino que era necesario meterse en el río; solamente si ellos ponían los pies adentro del Jordán se produciría el milagro. Yo te digo hoy: ¡No esperes que se abra el Jordán! ¡Tienes que entrar en el río porque la obra de Dios no es por vista sino por fe! Tendrás que ir al Jordán y mojarte los pies, y después sí, el río se abrirá.
Hay gente que lleva muchos años esperando que el Jordán se abra pero no se abrirá hasta que no metas los pies. Y como la cosa es por fe, Dios no aprovechó el tiempo de la sequía para hacerlos cruzar el río sino que esperó el tiempo en que las aguas se desbordan, el tiempo más difícil y encima les dijo, y te dice a ti también: “Mira, del otro lado del Jordán tienes toda la bendición, sólo tienes que cruzarlo”. Pero uno le dice: “Señor, ¿y si esperamos más adelante a que termine mi carrera? ¿Y si esperamos más adelante a que solucionen mis problemas? ¡Tengo que terminar de pagar mi casa!” Ahí nomás aparecemos con “peros”…
Un hermano estaba doctorándose en China, estaba por rendir la última materia, creo que era filosofía. Este hombre había recibido el evangelio, había creído, Dios tenía planes con él. Entonces, él quería ser lleno del Espíritu Santo, quería servir a Dios, y también quería ver el resultado de su trabajo, así que se esmeraba en predicar el evangelio pero nadie se convertía. Oraba: “Señor, lléname con tu Espíritu Santo”. Muchos cristianos hoy en día quieren ser llenos del Espíritu Santo pero no saben para qué lo quieren. ¿Quién no quiere ser lleno del Espíritu Santo? Pero yo te pregunto: ¿para qué quieres ser lleno del Espíritu Santo? Algunos dicen: “Porque yo quiero sentir lo que otros sienten”. ¡Mira si los planes de Dios son para que sientas algo!
Este hombre estaba bien encaminado, predicaba el evangelio pero no tenía poder y la gente no se salvaba. Quería que Dios lo llene con su Espíritu Santo y con poder, sabía que si Dios lo hacía, al hablar, la gente se iba a convertir. Así que oraba y oraba, ¡estaba mal porque Dios no lo respaldaba! Él estaba haciendo una carrera brillante, y un día en que estaba orando, Dios le preguntó: “¿De verdad quieres ser lleno del Espíritu Santo?” “Sí, Señor, quiero”. “¿De verdad que lo quieres?”, volvió a preguntarle Dios. “Señor, ¡quiero ser lleno del Espíritu Santo!” Entonces Dios agregó: “Muy bien, entonces el lunes que viene no rindas la última materia de tu doctorado porque yo no necesito un doctor en filosofía”. ¡El hombre estaba acelerado, era la última materia! Era buen estudiante y sacaba buenas calificaciones. “Señor, ¿por qué no puedo recibirme? ¿Por qué no puedo doctorarme? ¿Por qué desperdiciar toda mi carrera?” “Yo no necesito un doctor en filosofía”, le respondió Dios. “¿Quieres que te llene con mi Espíritu o no? ¡Tu título de doctor me estorba!” ¡Luchó con esa idea! No sabía si era Dios o el diablo quien le estaba pidiendo semejante cosa. Pero, oró intensamente y ayunó; y llegando el fin de semana, en una agonía terrible, decidió que no iba a rendir la última materia del doctorado. Ese fin de semana empezó a preparar el mensaje que iba a predicar, y buscó y buscó pero no encontraba nada que predicar el domingo. Así que subió derrotado al púlpito y le dijo a la congregación: “Hermanos, estoy destruido, tengo una angustia tremenda en mi corazón…” les contó el testimonio de lo que le había sucedido con Dios, y agregó: “Quiero decirles que he decidido no rendir mi ultima materia porque he resuelto servir a Dios, por lo tanto necesito ser más lleno del Espíritu Santo, que tener un título de doctor en filosofía. Este hermano cuenta que cayó la presencia de Dios en la iglesia y sobre él, y más del ochenta por ciento de la congregación comenzó a entregarse a Cristo, ¡hubo un gran derramamiento del Espíritu Santo esa noche! Él declaró: “Si yo hubiese sabido antes que esto iba a pasar, hubiera dejado mi doctorado mucho tiempo atrás”. Así que se dedicó a servir a Dios, y el Señor le dio una obra tremenda. Ese hombre fue Watchmann Nee…
Tal vez tú no estés por rendir tu última materia de doctorado, pero sí estoy seguro que hay cosas que no has dejado y te pregunto lo mismo que Dios le preguntó al hermano que te mencioné: ¿Quieres ser lleno del Espíritu Santo? ¿No será que algún plan tuyo está estorbando la llenura del Espíritu Santo? ¿A qué estás dispuesto a renunciar para que Dios te llene con su Espíritu Santo? ¿Para qué quieres ser lleno del Espíritu Santo? Algunos dicen: “¡Me llenó el Espíritu Santo y anoche dormí como un angelito!” ¿Para eso es la llenura del Espíritu, para que floten? ¡Sentí un fuego, un fuego! ¿Para eso es la llenura del Espíritu Santo? Dice la palabra de Dios: “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra…” “¿A dónde Señor?” “Hasta lo último de la tierra”. “¡Ah, pero mi trabajo, mi hijo, mi auto…!”
Repasemos:
No fue fácil iniciar la iglesia Misión Vida para las Naciones, ¡hubo mucha oposición! El Jordán se desbordaba por todos lados, pero era Uruguay mi tierra prometida en la que yo iba a fructificar. ¡Era ésta la tierra en la que Dios me iba a bendecir! Pero tuve que venir y empezar una obra sin dinero, sin casa, sin sueldo, sin nada, pero aquí, Dios me bendijo.
Yo te animo, no creo que Dios me ame más a mí que a ti. Yo te animo, no creo que Dios sea más bueno conmigo que contigo. No creo que Dios haga discriminación entre tú y yo, ¡yo no creo en eso! Yo creo en un Dios que bendice abundante y sobreabundantemente a los que les creen, a los que le obedecen.
“Señor, queremos servirte, queremos entrar en el territorio de la bendición. Señor, de verdad queremos ver tu mano sobrenatural sobre nosotros, de verdad queremos ver tus maravillas, tus milagros. ¡Quiero ver tu gloria Dios mío! Dame el espíritu de Josué, dame el sentir que hubo en él, dame la visión de Josué, te lo pido en el nombre de Jesús. Hazme obediente Señor. Éste es el momento más difícil en mi vida y tú me pides que deje todo y te siga. Tal vez el Jordán está desbordado por todos sus lados, pero a ti te da lo mismo, Señor, que el Jordán tenga poca o mucho agua, tú permitirás a tu pueblo pasar en seco hacia la tierra prometida. Bendice a tu pueblo hoy Señor, bendice a tus hijos e hijas. Reprendo todo espíritu de temor en el nombre de Jesús y reprendo toda testarudez en el nombre de Jesús. ¡Toca ahora Padre mío! Que tu pueblo pueda renunciar a lo que debe renunciar para poder ver tu gloria, para entrar en tu tierra, en la que tú les has prometido. Extiende tu mano Señor, en el nombre de Jesús. A ti Señor te damos toda gloria y toda honra, amén”.
Si has decidido servir a Dios y sabes qué es lo que tienes que dejar y sabes que para poder servir a Dios tienes que dejar ciertos planes o ciertos amores, y hoy estás dispuesto o dispuesta a hacerlo, con toda valentía y sinceridad dile a Dios: “¡Lo voy a hacer Señor!”
No se qué es lo que Dios te ha demandado en esta hora, pero Él quiere que le entregues algo que amas; no podrás retener lo que amas si quieres amar a Dios por sobre todas las cosas. No podrás servir a Dios y retener lo que Él te ha pedido que le entregues. Si has decidido cruzar el Jordán y dejar atrás la tierra de tus planes para entrar en los planes de Dios, repite esta oración:
“Señor, de corazón quiero servirte y quiero decirte en esta hora que dejo aquí todo aquello que amo y que detiene mi entrada a la tierra que me has dado. ¡Límpiame con tu sangre preciosa y toma mi vida desde esta hora! ¡Lléname Señor, te lo pido en el nombre de Jesús, hago esta oración, amén”.
ANEXOS: