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Leemos en 1ª Samuel capítulo 1 la historia de un hombre llamado Elcana y su mujer Ana quien era estéril; en una versión de la Biblia señala que Dios había cerrado su matriz por lo tanto no podía tener hijos, pero tenía una rival que la zahería, se burlaba de ella, entonces Ana sufría mucho. Dice la Biblia que todos los años Elcana subía a las fiestas principales en Jerusalén, pagaba sus votos y ofrecía sus ofrendas a Dios. Allí en una oportunidad, Ana, derramó su alma delante de Dios y oró, en ayuno y con mucho lamento y lágrimas ante Dios y le dijo: “Señor, si tú vieres la aflicción de tu sierva y le dieres un hijo varón yo te lo ofreceré todos los días de su vida, te lo voy a dedicar a ti.” También agregó: “Voy a hacer sobre él un voto de nazareo.” Esto significa que los hijos no se cortaban nunca el cabello, ese voto lo tenía, por ejemplo, Sansón.
La Biblia señala que Dios oyó la oración de Ana y al año siguiente tuvo un hijo a quien le puso por nombre Samuel; ella lo crió hasta destetarlo. Aún siendo niño, lo llevó a la casa de Dios y se lo entregó al sacerdote Elí para que lo criara en el templo. Samuel ministraba a Jehová, siendo un niño, junto a Elí.
La palabra de Dios nos habla mucho acerca de los tratos de Dios con los niños. Cuando Samuel ungió a David como rey de Israel, David era un niño, yo calculo que no tenía más de doce años en ese momento. Del mismo relato bíblico se desprende que él había aprendido a defender las ovejas de su padre y señalaba que Jehová estaba con él cuando le tocaba enfrentar al león y al oso. Evidentemente en esos años de niñez y pre adolescencia, David aprendió a tocar el arpa y se transformó en lo que la Biblia llama “el dulce cantor de Israel”. ¡David era un hombre acostumbrado a tener tratos con Dios ya desde su niñez!
Yo he sido uno de esos niños agraciados de la vida, agraciados por Dios, por haber nacido en un hogar cristiano; mis padres me llevaron a la iglesia desde muy pequeño. En mi casa no existía la probabilidad de quedarse a descansar, o de comer un asado sino que íbamos a la iglesia todos los domingos; así que nunca tuve la lucha de asistir a la iglesia o no. ¡El concurrir a la iglesia forma parte de mi vida como el comer y el respirar! Doy gracias a Dios porque para mí, ir a la iglesia, nunca fue una carga.
Hay muchas personas que tienen luchas en el momento de asistir a la casa de Dios, algunos dicen: “Hay algo que no me deja”. ¡Si te sucede esto es por causa de un demonio que se enseñorea de tu vida porque no es algo sino alguien que no te deja! Yo te pregunto: ¿Qué autoridad tiene ese demonio para no dejarte asistir a la iglesia? Hay algo que toma autoridad sobre tu vida, hay algo que entra por alguna puerta que has abierto, pero ese algo tiene personalidad y es un demonio. ¡No le permitas a un demonio que te impida ir a la casa de Dios! ¡No caigas en el ridículo de decir: “No vine porque hay algo que no me dejó”! Cuando alguna persona me viene con eso le digo: “¡No me digas que algún demonio te está señoreando!” Es mejor que digas: “Tengo un señor que es un demonio y no me deja venir”. Al reconocer esto vas a tomar la decisión de asistir a la iglesia, porque cuando se enseñorea de ti y no lo reconoces cometes el pecado de obedecerlo. ¡Tú no obedeces a algo sino a alguien!
Yo tengo incorporado en mí el asistir a la iglesia y esto es una gran bendición porque allí aprendí muchas cosas, escuché palabra de Dios, crecí en la vida como Jesús, en estatura, en sabiduría y en gracia para con Dios y con los hombres. Jesús creció en un hogar muy lindo, y yo quiero aclarar ya que muchos señalan que nosotros no amamos a María, la mamá de Jesús, o que la despreciamos y rechazamos pero eso no es verdad; nosotros no le hacemos culto a María que es muy distinto, ni la adoramos, pero reconocemos que fue la mejor mujer que había en el mundo, escogida por Dios para ser madre de quien sería mi Salvador. ¡Una buena madre! Esa madre le inculcó a Jesús las enseñanzas de la palabra de Dios, fue una mujer temerosa de Dios, de tal manera que cuando Jesús tenía doce años de edad se quedó en el templo discutiendo con los doctores de la ley y les dominó en sabiduría e inteligencia. ¡Estos le hacían preguntas y se admiraban de su inteligencia!
¿Tú crees que era porque Jesús tenía tanta inteligencia y sabiduría? Yo te digo que Jesús nació sin saber hablar, sin saber caminar, todo lo tuvo que aprender y la Biblia dice que Él creció en estatura, en sabiduría y en gracia. ¡Tuvo un padre y una madre que le enseñaron! Con doce años de edad los tenía admirados a los doctores de la ley, éstos le hacían preguntas y Jesús les respondía. Cuando María y José lo encontraron después de tres días le dijeron: “¿Por qué nos has hecho esto? ¡Hemos estado angustiados por ti!” Y Él les respondió: “¿Ustedes no saben que en los negocios de mi Padre me conviene estar?” ¡Jesús era un chico maduro con un conocimiento extraordinario de la palabra de Dios!
Hoy en día hay padres que se dedican, no a formar a sus hijos, sino a entretenerlos: “¡Tomá un chupetín y quedate quieto!” “¡Andá a ver televisión!” La madre quiere que el chico se entretenga para que no embrome, así ella puede hacer otras cosas más importantes que atender a su hijo. ¡Cómo disfrutan esas madres que pueden tener a su hijo cuatro horas calladito en la pieza con el PlayStation! Madres y padres tontos que no entienden que deben formar un hijo y no entretenerlo. Mi mamá se llama Vicenta de Márquez, en cambio hay chicos que tienen una mamá que se llama PlayStation o un papá televisión. Los padres delegan en el televisor o en el PlayStation las facultades maternas y paternas, a esos los llamo “padres tontos”; después se quejan y no entienden por qué les ha salido mal el hijo si le han dado todo. ¡Pero el tema no es darle cosas sino formarlos!
Yo estoy feliz porque me formé en un hogar donde no había PlayStation, donde ir a la iglesia era muy importante, así que los domingos a la tarde nos bañábamos y nos íbamos a la iglesia, mi mamá, mi papá y los cuatro hijos. Los inviernos en la ciudad de San Juan son muy fríos pero en mi casa eso no importaba, mi papá nos subía a la moto “PUMA”, me ponía sobre el tanque de nafta, luego mi hermano Hugo iba detrás de mí y mi mamá detrás con otros dos. Mi mamá siempre fue gordita, ella era la que me decía siempre “¡comé con pan!”; ella nos enseñó a comer todo con pan hasta el pan, no quería que nos desnutriéramos así que nos salía pan hasta por las orejas. Yo iba en la parte delantera de la moto y era el que más frío agarraba, los ojitos me lloraban, éramos seis personas en una moto pero así nos íbamos a la iglesia. Nunca fue una carga asistir a la iglesia y yo honro a mis padres por esto ya que a esta altura de mi vida puedo valorar de cuánto sirvió, no sólo para mí y para mis hijas sino también para todo mi ministerio.
Hay otras personas que me rodearon y me han hecho mucho bien. Yo era un niño muy inquieto pero a mi papá no le importaba, él me llevaba a la iglesia igual, me sentaba y me decía: “Estamos en la iglesia, te quedas quieto”; me sentaba en la fila de adelante y si me veía mover me llamaba la atención y ahí me acordaba que estaba en el templo porque me olvidaba rápido, así que cuando mi papá me reprendía yo me tranquilizaba porque sabía que en el templo tenía que permanecer quieto.
Mientras predico veo que hay niños inquietos pero ellos no me molestan sino los padres que se ofenden si algún colaborador les llama la atención a su hijo; los padres tienen que enseñarles que en algunos lugares pueden jugar y hay momentos para divertirse pero en otros tienen que permanecer quietos.
Había un señor en la iglesia a la que asistíamos que se hizo amigo mío, no sé si fue sólo para lograr que yo no estuviera tan inquieto pero me trataba bien y uno se acuerda de esas personas que nos han tratado bien, que han dado valor a nuestras vidas; alguien que nos puso la mano en la cabeza, que nos dio un beso cariñoso, gente que tiene en cuenta a los niños. ¡Los niños no son un estorbo! ¡Son un proyecto de Dios, son la esperanza del planeta Tierra! Así que había uno que negociaba conmigo para que me quedara quieto, me saludaba y a mí me brillaban los ojitos, me trataba bien, en cambio huía de otros que no me trataban tan bien. Cuando se acercaba, este hombre me saludaba amablemente y me decía: “Tengo algo para vos”; yo sabía que siempre me traía pastillas, me daba una y agregaba: “Si te portas bien en toda la reunión te doy otra”. Yo pensaba: “¡Todo sea por la pastilla!” y me quedaba quieto; luego venía, me daba la pastilla y me pasaba la mano por la cabeza. ¡Yo estaba feliz con él! ¡Era un hermanito cualquiera! Ahí me quedaba yo, más tieso que rulo de estatua durante la reunión, ¡y todo era por la pastillita! Esa persona logró cosas de mí sin fastidiarse por lo inquieto que yo era. Es más, creo que a Dios le ha gustado que yo sea tan inquieto y todavía lo soy. Él ha usado esa inquietud mía, porque no terminó un campamento de jóvenes cuando ya estoy comenzando con otro de niños.
Otra persona que me hizo mucho bien fue un tío que siempre me trató como si yo fuera una persona grande; a mí me encantaba que dialogara conmigo comos si fuera una persona mayor. ¡Qué bendición esa gente que no mira a los niños como si fueran un estorbo! ¡Qué bendición la gente que le regala una mirada al niño y que le puede hacer una caricia! ¡Qué bendición esa gente que le da un caramelo a un niño y lo alza en brazos! Yo quiero honrar y bendecir a los que becan a algún niño para que puedan asistir a un campamento. ¡Dios les retribuya grandemente por lo que han hecho, porque han hecho una obra de bien!
Mi tío, Antonio Santamaría, vino un día a mi casa y le preguntó a mi mamá por qué yo no estaba inscripto para asistir a un campamento de niños y mi mamá le contestó que no tenía dinero, así que él decidió pagármelo y pude ir. En ese campamento a 180 kilómetros de la ciudad de San Juan yo le entregué mi corazón a Jesús, con ocho años de edad. Es que hay gente que con actitudes muy sencillas son una tremenda bendición. Un niño no necesita un PlayStation, un niño necesita afecto, cariño, necesita formación. Un niño no te va a agradecer una gran comida sino una gran sonrisa, va a agradecer que te pongas a jugar con él o con ella; no necesita que lo distraigas sino que lo formes. ¡Te lo va a agradecer toda la vida!
Así que en ese campamento le entregué mi corazón a Jesús; yo no tenía la más pálida idea de lo que Dios haría conmigo con el tiempo, pero mi llamado comenzó ahí. A los ocho años de edad, Dios me habló y me dijo que le tenía que entregar mi corazón, así que yo le di mi corazón y Él comenzó a trabajar durante toda mi vida hasta que me hizo pastor. Cuando digo que me hizo pastor quiero decir “hasta que me hizo una bendición”. Yo creo que Dios ha hecho conmigo lo mismo que dijo que haría con Abraham: “Te bendeciré y serás bendición”. Lo que más me gusta a mí, no es que soy bendecido sino que puedo bendecir. ¡Yo quiero que los niños de Uruguay sean bendecidos! ¡Quiero que tus hijos y tus hijas sean bendecidos!
Toma en serio a tus hijos porque ellos son bendición de Jehová, son enviados por Dios. Para algunos los niños no son deseados, pero para los cristianos cualquier niño es bendito, es deseado. Jesús dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” (Mateo 19:14)
¡Dios no solamente espera que seas un buen padre de tus hijos! Recientemente, en una reunión, se levantó una abuela y llorando dijo: “Aquí hay tres niños que no tienen ni madre ni padre. ¿Ellos también son amados de Dios? ¿Dios los ama a ellos?” ¡Claro que los ama!, le respondí, “te tienen a ti y me tienen a mí”. Te pregunto: ¿Te tienen a ti también? Todos los niños son criaturas de Dios, Él no solamente ama a tus hijos, también ama a los hijos del vecino, ama a tus sobrinos. No te cierres porque hay muchos padres que no saben ser padres y hay muchos hijos que aunque tienen padres es como que no los tuvieran. Estoy leyendo un libro titulado: “La sociedad de los hijos huérfanos” el que no trata de hijos que han perdido a sus padres, sino que se refiere a los hijos que no pueden contar con sus padres. Ahí están los padres atendiendo cosas más importantes que los hijos. ¡Qué desastre! Encima dicen: “¡Yo que me maté para darle todo y ahora está en la droga! Pero no le has dado padre, no le has dado madre, ¡todo lo que le has dado es basura!
Estuve visitando un chico que está en la cárcel y junto con él está también el hijo de un empresario importante que tiene mucho dinero; ese padre no entiende por qué el hijo no valora todo lo que él le ha dado. ¡Es que a ese hijo no le importa el dinero, a él le interesa tener un padre! El empresario le dijo al hijo que cuando cumpliera los 18 años le regalaría un auto y así fue, tres semanas después el hijo se estrelló en la rambla y mató a una mujer que estaba en una parada de ómnibus y dejó postrada a otra en una silla de ruedas. Ese chico no está arrepentido de haber matado a alguien, está enojado porque en la prensa ha salido su nombre y alega que eso no es legal. El padre ha puesto dinero para que su hijo tenga privilegios. ¿Crees que con dinero puedes suplir la necesidad de madre? ¿Es que pagando a una mujer que cuide a tu hijo, vas a suplir la necesidad que él tiene de madre? ¡Claro que no!
Samuel fue un joven bendecido, la Biblia dice que desde niño él ministraba delante de Jehová junto a Elí. Samuel no dejó caer a tierra ni una sola palabra que recibió de parte de Dios, todo lo que se le enseñó no lo dejó caer; y dice la palabra de Dios en 1ª Samuel 2 que en aquel tiempo la palabra de Dios escaseaba, es decir, escaseaba la revelación. Tú vas a asistir a iglesias donde escucharás mensajes pero no escucharás palabra de Dios, vas a escuchar sermones pero no sentirás el fuego de la presencia de Dios. En el tiempo de Samuel escaseaba la palabra de Dios, no había revelación, cuando se hacían las ceremonias religiosas no había presencia de Dios, pero dice la Biblia que la presencia y la palabra de Dios comenzó a descender sobre la vida de Samuel, hijo de una madre piadosa que hizo pacto con Dios diciéndole: “Si me das un hijo yo te lo voy a entregar a ti todos los días de su vida, lo voy a consagrar para ti.” Esa madre lo llevó al templo, lo dejó allí y todos los años le llevaba una túnica. ¡Su gozo era que su hijo servía a Dios! Samuel llegó a ser uno de los profetas más grandes de la antigüedad, fue el que ungió a David como rey.
Leo en el Nuevo Testamento que Jesús crecía en estatura, en sabiduría y en gracia para con Dios y para con los hombres y con doce años discutía con los doctores de la ley (Lucas 2:52). ¿Tú crees que un niño crece y madura sólo porque pasa el tiempo? ¡Benditos los padres que le enseñan inglés a los dos o tres años de edad, que les enseñan a leer y a escribir desde muy pequeños, porque los niños tienen una gran capacidad para aprender! ¡Los niños tienen una gran capacidad para madurar! Aunque esto vaya en contra de la ley yo opino que los niños tienen que aprender a trabajar desde chicos, yo no estoy de acuerdo en que se exploten a los niños, los padres no deben explotar a los hijos para que estos les traigan dinero pero tienen que enseñarles a trabajar y asumir responsabilidades desde chicos.
La biblia dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). ¡Los padres deben instruir a sus niños! ¡No dejes en manos de una maestra lesbiana o un maestro homosexual la formación de tus hijos! No dejes en mano de la escuela laica, gratuita y obligatoria la formación de tu hijo porque le van a hacer creer que venimos del mono, que venimos de la materia; nosotros debemos enseñarles a nuestros hijos que somos el resultado del amor de Dios, que somos el resultado de los proyectos de Dios y que Él tiene planes con cada uno de nosotros.
¿Perteneces al grupo de padres tontos o de padres cuerdos? Yo he escuchado padres cristianos tontos diciendo: “Yo soy cristiana, creo en la Biblia pero no lo obligo a mi hijo a que vaya a la iglesia, yo dejo que cuando sea grande decida”. La pedagogía moderna y la escuela laica están pensando cómo llegar a la mente de niños de tres años, ellos sí piensan en influir a los niños y no quieren que tú influyas sobre ellos. La pedagogía moderna dice que los padres no tienen que ponerles límites a los hijos, que estos tienen que aprender de la vida y tienen que elegir teniendo una amplia posibilidad de opciones, pudiendo elegir por su propia cuenta sin la intervención de sus padres, ¡pero ellos saben muy bien qué es lo que quieren inculcarle a nuestros hijos! Tratan que los padres no nos metamos en esa área. Si tu hijo se está por caer a un precipicio y le dices a tu esposa: “Déjalo porque tiene que aprender a tomar decisiones solo.” ¿Qué haces tú? ¡Lo rescatas! Si está cruzando por la vía del ferrocarril y se está acercando un tren, ¿qué haces? “Mi amor, esa sirena que suena es un tren que te puede atropellar y hacer pelota, pero eres libre de decidir si quieres cruzar o no”. ¿Te arriesgas que a tu hijo lo atropelle un tren o vas y lo rescatas? ¿Y si tu hijo está por caer en el infierno, no haces nada? ¿Lo dejas que él decida qué quiere hacer cuando sea grande? ¿No es peor el infierno que un precipicio o las ruedas de un tren? ¡Libra a tu hijo del infierno! ¡Predícale el evangelio! ¡Háblale de Dios, enséñale la Biblia! Los de afuera te quieren hacer creer que eres un padre bien si no le inculcas a los niños las verdades de la Biblia pero la palabra de Dios te dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. ¡Gracias a Dios por mis padres que me llevaron a la iglesia desde niño! Yo aprendí la Biblia desde niño, a los diecisiete años era maestro de escuela bíblica. Mi esposa salió buena porque yo fui su maestro, le enseñé la Biblia. ¡Yo le enseñé lo que es ser esposa de un apóstol! Abraham oyó la voz de Dios, se fue a un lugar lejano sin conocerlo y su esposa lo siguió, ¡no es fácil seguir a un hombre a un lugar que ni siquiera sabe! Yo le dije a mi esposa: “Marta, si yo te pidiera que me acompañaras a un lugar lejano que no conoces, ¿irías conmigo?” ¡Y ella me respondió: “Sí”!
Los niños son un proyecto de Dios, Él tiene su mirada puesta en los niños que están llegando. El futuro está en manos de Dios y de los niños que están llegando al mundo. Dios está apostando a esos niños, Él no trajo ningún héroe grande, lo trajo niño. Dios no trajo ningún pastor formado, sino que lo formó. Dios no trajo ningún hombre grande, lo trajo niño, aun Jesucristo de Nazaret nació niño y tuvo que beber de los pechos de su madre, tuvo que aprender a hablar y a caminar y por eso creció en estatura, en sabiduría y en gracia. ¡Jesús no nació sabiendo! ¡Él tuvo que aprender y por causa de los padres que tuvo, se admiraban los doctores de la ley de la inteligencia que tenía! ¡Bendito los padres que toman en serio a sus hijos, que no entregan en manos de terceros la crianza de sus hijos! Hay padres que desean que su hijo pase todo el día en una guardería, en un colegio de doble horario, así ellos pueden dedicarse a otras cosas más importantes. ¡Lo más importante son tus hijos! ¡No mandes a tus hijos a colegios de doble horario, es preferible que pases hambre pero que tu hijo te tenga a ti!
Tengo la esperanza que Dios hoy va a tocar tu corazón, felizmente yo no tengo que pensar en mí porque Dios me suple, sino que tengo que pensar en la gente. ¡Felizmente Dios me ha liberado de mí mismo para poder pensar en la niñez uruguaya! Cuando pienso en lo que Dios ha hecho conmigo en Uruguay, le pido que levante cien más como yo, mira que no soy nadie pero con cien como yo revolucionaremos Uruguay. ¿Sabes de qué manera lo puedes lograr? ¡Dándole una caricia a un niño, ofreciéndole una pastillita, pasándole la mano por la cabeza, bendiciéndolo!
En poco rato logré hacerme amigo de un chico que no quería ir al campamento porque le tenía miedo a los grandes; le dije que se acercara, que lo quería abrazar y quería orar por él; este niño fue entrando en confianza, ya no había tiempo de enviarlo al campamento porque yo había dado la orden de que se cerraran las inscripciones, así que lo bendije, ore por él y se fue contento. Al rato viene con su documento de identidad y me pregunta: “¿Puedo ir al campamento?” ¡Me mató! ¡Ahora quería ir al campamento! Sabes que 1160 niños han participado del campamento Beraca Kids de este año, y yo pienso: ¡Cuántos son los que por primera vez recibieron un abrazo! El niño que les he mencionado no ha podido confiar ni en su madre ni en su padre, ellos sí que los han explotado. ¡Gloria a Dios por esa abuela que los trajo a la iglesia! Mientras ese niño estaba en la iglesia escuchando palabra de Dios, la policía estaba buscando a la madre.
¡Cuántos niños mirarán a un maestro como un modelo, como alguien a quien seguir! En el campamento, varios pastores predican y dan consejos a los niños; al comenzar el evento les preguntamos a los niños qué quieren ser cuando sean grandes, y algunos dicen que quieren ser aviadores, otros que quieren ser corredores de autos, otros doctores, pero cuando les preguntamos nuevamente al final del campamento qué quieren ser, ellos levantan la mano y dicen: “¡Yo quiero ser apóstol!” “¡Yo quiero ser pastor!” ¡Gloria a Dios! ¡Yo quiero cien apóstoles!
Samuel marcó la historia de Israel, él le marco el paso a Saúl y a David, dos reyes de Israel. ¡Necesitamos niños que sean formados!
Recuerdo un niño que se había hecho encima en el campamento; cuando el que estaba a cargo de los niños se levanta a la mañana temprano, siente un olor nauseabundo dentro de la carpa, en ese lugar dormían veinte niños con un maestro y un ayudante. El maestro les ordena a todos que se levanten pero había uno que no quería, cuando se le acerca y le pregunta qué había hecho, el niño se tapa con la sábana porque pensó que le iban a pegar. El maestro sorprendido le pregunta: “¿Por qué crees que te voy a pegar?”, y él responde: “Porque cada vez que hago algo, me pegan”. “Yo no te voy a golpear”, le dijo el maestro, entonces tomó al niño, lo abrazó y le dio un beso; el chico se prendió al maestro. Ese es un niño que hoy está internado en uno de los centros comunitarios de Beraca, un niño muy sinvergüenza pero que fue tocado por Dios. El maestro llevó al niño al baño, lo lavó, lo cambió y lo volvió a abrazar, y finalmente oró por él. ¡Cuando terminó el campamento ese niño no se quería ir, lloraba y abrazaba a su maestro porque no quería desprenderse de él!
Yo tuve personas mayores que me marcaron la vida y también tuve personas que no me aguantaron, porque era muy inquieto. Por eso me pasa como a muchos de ustedes. ¿Cuántos recuerdan con cariño una maestra de primaria, que sólo pensar en esa maestra les da alegría? ¿Y cuántos se acuerdan mal de esa maestra? ¡Porque estaba la que no te aguantaba y estaba la dulce maestra que te tenía una paciencia tremenda! Esa que me quería y me trataba bien… ¡Nunca me voy a olvidar el nombre de esa maestra: Señorita Codón! Guardo un tierno recuerdo de ella, aunque no sé si sigue viva. Pero hay otra de la que no me acuerdo, o mejor dicho, me acuerdo de ella como “la vieja de tercer año de primaria”. ¡Para mí no es “la Señorita fulana de tal”, para mí es “la vieja”!
¿Serás tú uno de aquellos que marca para bien un niño? Yo no te estoy pidiendo solamente que cuides a tu hijo o tu hija, estoy diciendo que como iglesia de Dios tenemos que convertirnos en padres y madres de los niños que hay en Uruguay. Recuerdo nuevamente a esa abuela que se levantó, me interrumpió el mensaje y me dijo: “¿Dios ama a esos niños que no tienen padre ni madre? ¡Están aquí!, ¡son tres!” Yo le contesté: “¡Sí, Dios los ama y Dios te tiene a vos y me tiene a mí!” ¿Y Dios te tiene a vos? ¡Nosotros vamos a ser formadores y forjadores de héroes, forjadores de niños bendecidos! Hacer que esos niños conozcan el evangelio los va a librar de las desgracias que muchos otros han vivido, y ahora están en los centros comunitarios Beraca a quienes Dios también ha tocado, y bendecido.
¡Dios quiere hoy tocar tu vida! ¿Abrirás tu corazón y le pedirás a Dios que te dé sensibilidad para con los niños? “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” (Mateo 19:14). Sabés que ser grosero y ser duro con un niño es impedirle que venga a Jesús. No te estoy hablando de ser condescendiente; yo tengo niños aquí en la iglesia que los miro así y se asustan, pero cuando ellos se descuidan, yo voy, los levanto y les digo “te amo” y esos niños me respetan y me quieren, tienen las dos cosas. Cuando el apóstol dice sí, el niño lo hace y cuando el apóstol dice no, el niño no lo hace. Pero como el niño sabe que yo lo amo, no tiene problemas en venir a abrazarme. Uno de esos niños es el hijo del pastor Andrés Gonzalez. ¿Quién no lo recuerda saltando arriba de las cabezas de todos los hermanos? Entonces yo iba y le decía “¡no!” Y el niñito me veía a mí, ¡y blumm! Salía, desaparecía, pero después yo iba y lo abrazaba y le decía “sabes que te quiero mucho” y él me daba un beso. Ahora él está en San Juan y tiene un grato recuerdo mío. Cuando él me ve, o donde me ve, esté haciendo lo que esté haciendo, él corre a saltar a mis brazos porque el niño acepta disciplina cuando hay amor. Eso de que este niño no me obedece o es un rebelde, no existe querido. ¡Pedile a Dios y vas a ver que te va a dar la habilidad de doblegar a un niño con amor!
¿Está listo tu corazón? ¿Está abierto para que Dios lo llene ahora? Has escuchado palabra de Dios, y ahora su Espíritu te quiere tocar. ¡Dios va a poner en ti una sensibilidad que antes no conocías para bendecir niños! Cierra tus ojos, y di conmigo: “Señor, ¡perdóname! ¡No he valorado a los niños como tú querías! Muchas veces han sido para mí un estorbo. Líbrame Señor, quita mi dureza, te ofrezco mi vida, te doy mi corazón, lléname y pon en mí tu sensibilidad para con los niños. ¡Quiero ser un instrumento en tus manos para instruir y para formar! Te doy gracias porque lo que me has dicho me ha venido bien, yo se que los niños te pertenecen y voy a trabajar para que esos niños te amen, te obedezcan y conozcan que tú tienes propósito con ellos. En el nombre de Jesucristo hago esta oración, amén”.
ANEXOS: