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Anteriormente hablé acerca de que nosotros somos semillas sembradas por Jesús en el mundo. Dije también que las semillas tienen dos partes básicamente: lo externo que sería la cáscara y el germen que es lo que tiene adentro. Lo de afuera realmente no es lo importante porque para que la semilla cumpla su cometido, eso tiene que morir para que lo de adentro germine. De la misma manera, el Señor ha determinado que hay cosas en nosotros que deben morir para que surja lo que tiene que germinar. Lo de adentro es lo que Dios ha puesto en nosotros, y lo exterior es nuestra carnalidad o naturaleza pecaminosa. En la cáscara no hay ningún potencial ni nada trascendente, es sólo una coraza que debe ser rota para que germine lo que está en su interior. Dijo Jesús que si la semilla no cae en tierra y no muere, queda sola, pero si cae en tierra y muere, lleva mucho fruto. El germen, que es lo que está adentro de la semilla, tiene un potencial muy grande, mucho más de lo que podemos llegar a vislumbrar o a entender. No sólo hay un árbol dentro del germen de la semilla, potencialmente hay un bosque. Si nace un árbol, este, potencialmente dará millones de semillas de las que saldrán millones de árboles. No sólo me refiero al potencial que hay en una semilla sino al hecho que también nosotros somos semillas, y el potencial que hay adentro nuestro es eterno; lo de afuera es pasajero, es terrenal y temporal, o sea que tiene límite en el tiempo, pero lo interior no tiene límite en el tiempo, ¡es glorioso! Esto es para aquellos que han recibido a Cristo en su corazón.
Trato de hacer énfasis en el hecho de que podamos vislumbrar que los planes que Dios tiene con nosotros son más largos que nuestra propia existencia. ¡Son eternos! Nosotros entramos en el tiempo, nacemos y morimos en determinado día y año, mas Dios nos hace entrar en sus proyectos eternos. O sea que la visión de Dios y su obra son mucho más trascendentes que nuestra existencia en el mundo. ¡Lo que el Señor tiene para ti es más importante que tú mismo! Más de una vez he dicho que hay cosas más valiosas que la vida misma, por eso es que hay gente que valora más la causa por la que pelean que su propia vida, y mueren por ello. ¡Más vale que la causa por la que tú peleas valga la pena! ¡Mira que hay causas estúpidas! Son humanas y no divinas. Pero cuando conocemos a Cristo damos la vida porque Él, es la perla de gran precio, por la cual vendemos todas nuestras posesiones para poder tenerla. ¡Cristo es aquello por lo cual vale la pena morir! Jesús dio su vida por nosotros para que también nosotros demos nuestra vida por Él. Dios se hizo como uno de nosotros para que nos hagamos como Él.
Una de las cosas que me da vueltas en mis pensamientos es acerca del potencial que está adentro mío y que se va a desarrollar cuando yo ya no esté aquí en la tierra. ¡Soy feliz por ello y me motiva mucho! Espero también que esto te motive a ti. La Biblia enseña que las obras de los justos continúan aún cuando ellos ya no están en el mundo. Es algo hermoso el hecho de que Dios te use más allá de tu propia existencia. Cuando la gente piensa en los problemas del hoy, en la comida, en el sueldo y las enfermedades actuales, a mí me vuelve loco el saber que estoy trabajando para la eternidad y veré cosas tremendas después de que me vaya de este mundo. Desde el cielo miraré a los que les he predicado el evangelio y me alegraré. Porque no es que se acaba nuestra existencia cuando fallecemos, ya que nuestras obras continúan con nosotros, y podremos ver el fruto de lo que viene después de que hayamos partido. ¡Dios quiera que adquieras conciencia de la importancia que tiene tu vida para Él y para el futuro de la humanidad, para la eternidad! El Señor no te ha comprado y no te ha rescatado para que tengas una vida más o menos bien, una casa con piscina y una 4 x 4. La gente piensa en ello como algo trascendente, pero lo realmente trascendente es aquello que Dios tiene planeado con nosotros.
Hay cosas a las que Él le pone fin y se acabó. ¡No sirve más! Dios, decidió destruir Sodoma y Gomorra y tenía un amigo llamado Abraham. Leemos en Génesis 18:18: “17Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,…?” Hay algo que Dios hace y es maravilloso y es que a sus amigos les revela cosas. A los que le aman, Dios les revela cosas. Muchos quieren saber acerca de lo que Dios hace y dicen cosas como: “¿Por qué a esa persona le da y a mí no? ¿Por qué ese siente y yo no? Quien es amigo de Dios es porque le ama mucho a Él. “17Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, 18habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?” (Génesis 18:17 y 18)
Todo lo que se veía era a un hombre viejo con una esposa estéril, vagando en una tierra de la cual Dios dijo que se la daría a su descendencia. Pero Dios se pregunta: “¿Le voy a negar a Abraham lo que voy a hacer siendo que él será una gran nación?” Un hombre sería una gran nación. Recordemos que un árbol dará semillas de las cuales puede surgir un bosque. “Siendo que Abraham es una semilla que terminará siendo un bosque, ¿le ocultaré lo que voy a hacer?” ¿Por qué Dios dice esto? Leemos la respuesta en Génesis 18:19:“19Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. “Abraham es mi amigo; yo sé quién es Él y lo que hará, porque mandará a sus hijos después de él. O sea, al morir Abraham, sus hijos continuaron con la vida que él llevó y las enseñanzas que les dio. Entonces, yo continuaré caminando con los descendientes de Abraham y los seguiré bendiciendo, y éstos son aquellos con los que voy a tratar; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa de Abraham”.
Dios toma un hombre y lo que hace con él, se prolongará por edades y generaciones. Quiero enseñarte con esto, que el trato de Dios contigo no sólo es contigo sino también con tu descendencia. Hay dos clases de descendencia, la de sangre y la espiritual. Por ejemplo, nosotros, los que hemos creído en Cristo Jesús como nuestro Señor y salvador, somos descendientes de Abraham, porque en Cristo se cumplen las promesas que Dios le hizo a su amigo Abraham. De más está decir que Jesús es descendiente de Abraham, es de su sangre y linaje; y los que hemos sido hecho uno con Cristo, linaje de Abraham somos. Por eso le dijo Dios a Abraham: “Serán benditas en ti todas las naciones de la tierra”. Hoy continúa la obra que Dios inició con Abraham.
Dios no quiere tratar contigo sólo por el tiempo de tu existencia y bendecirte sólo mientras vives, sino que quiere hacerlo más allá de tu existencia, con tu descendencia. Dije que está la descendencia de sangre y la espiritual. Yo tengo una descendencia de sangre que son mis dos hijas y también mi descendencia espiritual ya que tengo muchos hijos espirituales.
Me conmovió una chica de catorce años que jamás quiso contarle su vida a nadie pero cuando finalizó el culto de la mañana se acercó y me dijo que quería hablar conmigo; Dios la tocó. Yo le dije que la íbamos a cuidar y que tuviera confianza en nosotros. La madre no le creyó cuando le confesó que su padrastro había abusado de ella, desde los seis años. ¡Es duro confiar en los hombres después de ese hecho tan aberrante! Entonces yo le pregunté si me dejaba abrazarla y ella accedió; y cuando se despidió, me dio un beso. Yo pensé: “Tengo otra descendiente espiritual”. Yo le declaré a la niña que Dios iba a hacer grandes cosas con ella, que Él no la creó para que se muriera de depresión encerrada en su dormitorio y que ella iba a servir al Señor. ¡Esa niña es mi herencia espiritual! ¡Todavía está por verse lo que hará Dios con esa niña abusada! Si uno existe para hacer esta tarea trascendente, vale la pena vivir. Si yo puedo ver más allá de las circunstancias que me ha tocado vivir, veo que esa chica se va a casar, que tendrá una familia y será bendecida; si puedo ver que lo que estoy haciendo es para que se produzcan estos acontecimientos tan hermosos, entonces mi existencia cobra un tremendo significado. ¡Qué hermoso es esto!
Dios ya tenía claro que el proyecto con Abraham era de largo alcance: ¡Ha llegado hasta mí! Comienza la obra con Abraham y aún Dios está trabajando en esos planes que tenía con él.
David vivía en una casa muy bonita, hecha con madera de cedro y sintió la necesidad de hacer un templo para Dios. Leemos en 1ª Crónicas 17: 1 al 5: “1Aconteció que morando David en su casa, dijo David al profeta Natán: He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas. 2Y Natán dijo a David: Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios está contigo. 3En aquella misma noche vino palabra de Dios a Natán, diciendo: 4Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite. 5Porque no he habitado en casa alguna desde el día que saqué a los hijos de Israel hasta hoy; antes estuve de tienda en tienda, y de tabernáculo en tabernáculo”. Y continuó hablando Dios: “…8y he estado contigo en todo cuanto has andado, y he cortado a todos tus enemigos de delante de ti, y te haré gran nombre, como el nombre de los grandes en la tierra. 9Asimismo he dispuesto lugar para mi pueblo Israel, y lo he plantado para que habite en él y no sea más removido; ni los hijos de iniquidad lo consumirán más, como antes, 10y desde el tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel; mas humillaré a todos tus enemigos. Te hago saber, además, que Jehová te edificará casa” (1ª Crónicas 17: 8, 10).
Me llena de emoción este relato porque es como que Dios me dijera a mí que la obra que me encomendó a mí, continuará con mis pastores. En el versículo 12 el Señor habla acerca de la descendencia de David: “12El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente”.Esto es una profecía que tiene doble cumplimiento. Número uno, Dios le dijo a David que él no le iba a edificar casa porque Él levantaría de su descendencia a alguien que lo iba a hacer. En el tiempo de la vida de David, ese hijo fue Salomón. Y después, en este mismo pasaje, Dios habla de que iba a afirmar el trono de ese hijo y que sería eterno, o sea, para siempre. Si es así entonces Salomón no es porque en él se dividió el reino por medio de un hijo, entonces se terminó el reino de Israel, al menos como se conocía. Aquí la profecía nos da la reseña de que ese descendiente es Cristo, el único que tiene el reino eterno, y Dios considera a Jesucristo, hijo de David, de su sangre y linaje. ¡Esto es una obra majestuosa! El Señor interviene en el linaje de David y levanta a un hombre que tiene la sangre de David y la de Dios, porque fue el Espíritu Santo quien engendró en María la vida de Jesús. Ahora, sea de una manera o de otra, sigue siendo trascendente. David fue un hombre que amó a Dios, hizo lo que le agradaba y el Señor lo respaldó. Dios se agradó de él y lo consideró un hombre conforma a su corazón. Pero el tiempo de vida de David fue limitado mas el proyecto de Dios es ilimitado, es más grande que la existencia de David. Por lo tanto, cuando dice él que le quiere hacer una casa a Dios, al Señor le gustó la idea pero le declaró que no sería él quien se la edifique, sino un hijo suyo. David entendió que la semilla debe caer y debe morir, pero que cuando muere lleva mucho fruto. Sabía también que no todo lo tenía que hacer él, sino que su descendencia continuaría con el proyecto. Entonces hizo los planos del templo, acumuló oro, plata, madera, mandó a hacer piedras mientras él estuvo vivo. Preparó todo para que se llevara a cabo la obra del templo, pero cuando llegó el momento, le dejó todo a Salomón su hijo porque la obra debía continuar después de su muerte.
Ahora, hay un sentido figurado en lo que dice Dios aquí: “Tú no me vas a edificar casa, un hijo tuyo lo hará, y yo te edificaré casa a ti”. Leemos en 1ª Crónicas 17:12 al 14: “12El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. 13Yo le seré por padre, y él me será por hijo; y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que fue antes de ti; 14sino que lo confirmaré en mi casa y en mi reino eternamente, y su trono será firme para siempre”.Fíjate que los planes de Dios con David también son eternos. Cuando dice que su trono será firme para siempre y eternamente, está hablando del trono de Jesucristo.
Natán le dijo a David de parte de Dios: “…Te hago saber, además, que Jehová te edificará casa”. En aquel tiempo, cuando se hablaba de la casa de David, se hacía referencia a su familia, a su descendencia. ¡Esto me fascina! Yo estoy edificándole casa al Señor, y su casa es la iglesia; la Biblia señala que Dios no habita en templos hechos por manos de hombre sino que ha establecido en la iglesia, primeramente apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros para la edificación del cuerpo de Cristo. Yo edifico casa para Dios cuando predico el evangelio, o sea, coloco piedras vivas en su templo, porque Dios habita en piedras vivas y su templo somos nosotros. Y Dios me dice como a David: “Tú me edificas casa a mí y yo te edificaré casa a ti. Tú no tienes fuerza, hasta cierto tiempo vivirás pero yo te voy a edificar casa. Cuando tú te mueras, yo seguiré trabajando con tus hijos”.
¿Te interesa lo trascendente o lo momentáneo? ¿No te llama la atención que Dios quiera involucrarte en un proyecto eterno? Quiero que sepas que desde el mismo momento en que el Señor te ha llamado para que formes parte de su reino, Él te ha involucrado en un proyecto tan trascendente que tú no te puedes imaginar y no sabes qué tan grande es.
Yo ya he contado que cuando mi abuelo se vino a América con seis hijos, se vino huyendo porque en Italia le hacían la vida imposible por causa del evangelio, al punto de desheredarlo. También estuvo en una guerra y lo hirieron de muerte, iban a arrojarlo en una fosa común porque creyeron que estaba muerto, pero de repente mi abuelo se quejó y lo apartaron, luego lo llevaron al hospital donde estuvo agonizando por un tiempo. Cada vez que hablo de esto me estremezco al pensar que si mi abuelo hubiera muerto yo no existiría, pero Dios fue misericordioso con él. Después de esos episodios, mi abuelo se casó, tuvo hijos y vino a América; estuvo a punto de morir nuevamente porque cuando quiso subir al barco con sus hijos, no lo dejaron ya que no tenía certificado de bautismo católico, entonces zarparon dejando a mi abuelo con toda su familia en Italia. El barco que se fue sin mi abuelo se hundió en alta mar y todos perecieron. Así que mi abuelo abordó el siguiente barco con toda su familia y llegó a América. Allá en Italia quedaron todos sus familiares, pero se fueron muriendo, y como en Europa la gente tiene pocos hijos, ya casi no queda nadie de su familia, sólo un primo y el hijo de otro primo, y como ellos no han tenido hijos, cuando éstos mueran se termina la ascendencia de mi abuelo, los que nacieron en Italia. Pero él llegó a América con seis hijos y después de cuarenta y cinco años de su muerte, somos más de doscientos descendientes suyos que creemos en Cristo Jesús, y varios somos pastores. ¡Una descendencia hermosa! Cuando podemos, nos reunimos y disfrutamos mucho. Mi abuelo murió creyendo que su descendencia quedaba en las manos de Dios y que el Señor seguiría obrando en ella; y yo veo la mano de Dios en la fe de mi abuelo. ¡Siempre digo que he heredado su fe!
En Italia sólo quedan dos y de este otro lado más de doscientos descendientes de Jehová de los ejércitos por parte de mi abuelo, y todavía está por verse lo que Dios hará. Sólo de mi casa somos tres hermanos pastores, de los doscientos, y hay más. ¡Es hermoso lo que Dios hace! Mi abuelo está muerto, pero Dios ha continuado trabajando con su descendencia. ¿Qué quiero decirte con esto? Que el potencial que Dios ha puesto dentro de ti es extraordinario, tú eres una semilla de Dios y el germen que hay dentro de ti es mucho más importante que la cáscara de afuera. Esa cáscara va a morir, ¡tiene que morir! Porque debe germinar el germen que está dentro, el tesoro que el Señor ha puesto dentro tuyo. No te aflijas por lo que otros se afligen, ni te persigas con lo que otros se persiguen; no te angusties ni te deprimas con lo que otros se angustian y deprimen. ¡Tú tienes suficientes razones para ser feliz! ¡Tienes suficientes razones para creer que eres trascendente a pesar de todo! ¡Doy gloria a Dios porque mi abuelo fue librado dos veces de la muerte! ¡El Señor lo libró porque él era semilla de Dios y de él debía surgir una descendencia, debía nacer yo para ser pastor y bendecir la tierra de Uruguay!
¿Tienes noción de las cosas extraordinarias que Dios puede hacer con tu vida si te pones en sus manos? ¡Lo que podría pasar si es que tú mueres a tu carnalidad y si dejas que tu cáscara sea rota para que el germen de Dios nazca! Te invito hoy a que te consagres y le digas a Dios: “Señor, estoy dispuesto, yo lo creo y lo acepto. Tú tienes vida eterna para mí y proyectos eternos”. Dios no trata con nosotros por un tiempo sino eternamente, porque también lo hace con nuestra descendencia. Mira a tus hijos porque ellos serán herederos de la fe que tienes. Mira a tus hijos espirituales, aquellos que están siendo ganados por tu testimonio, por tu fe y tus ofrendas.
Cuando Abraham era uno solo y le dijo a Dios: “Señor, ¿qué me darás si estoy solo dando vueltas en el desierto?” Mas Dios lo sacó afuera una noche, le mostró las estrellas del cielo y le mandó que las contara. Abraham miró al firmamento y pensó: “¡Cuántas estrellas que son, no las puedo contar, se me mezclan! ¡Son muchas Señor!” Y Dios le responde: “Así será tu descendencia, no la podrás contar. Será como las estrellas del cielo”. ¡Bendito sea Dios!
El Señor quiere darte sueños trascedentes. Yo pienso en manos de quién quedará Monte Beraca cuando yo ya no esté porque ahí se han tejido sueños de Dios, han nacido matrimonios de Dios, han nacido siervos de Dios. Cuando veo cuán alto están los árboles, pienso en qué momento se hicieron tan grandes. ¡No trabajamos por cosas que perecen sino que permanecen!
Unos misioneros que vinieron de Europa, trabajaron en Uruguay; ganaron almas para Cristo, consiguieron dinero y compraron un terreno donde edificaron un galpón en el que se llevaban a cabo congresos extraordinarios. ¡Pero se jubilaron y se fueron! Y le entregaron esa propiedad a un grupo de pastores, quienes crearon una ONG, pero ni siquiera cortaban el pasto, tampoco pagaban los impuestos, en síntesis, nunca hicieron nada trascendente ahí y yo no quiero que mi vida sea así. ¿Tú quieres que tu vida sea así? Cuando me enteré que estaban por vender ese lugar, que fue el fruto de las ofrendas de los creyentes de Europa, me propuse comprarlo porque no quería que pasara a manos de gente incrédula que no pertenece al reino. Entonces, nos contactamos con las personas que mediaban la venta y finalmente lo compramos. Allí tenemos ahora un hogar Beraca con unas sesenta personas viviendo. No se lo han vendido a cualquier comprador sino a nosotros y ese lugar sigue siendo de bendición. Está arregladito, cuenta con jardines hermosos y el césped cortadito. ¡Dios continúa las obras de aquellos siervos que le aman! Se fiel a Dios y el Señor continuará con otros las obras que te ha encomendado a ti. ¡Dios es un Dios trascendente! ¡Él no dejará abandonado el fruto de sus manos!
Quiero orar por ti y bendecirte. Quiero que nazca en ti la visión de ser una semilla de Dios y el deseo de fructificar con el fruto que da el Espíritu Santo. Oro que se vaya de ti el pesimismo y la negatividad; que se aleje de ti toda impotencia y que entiendas que la obra que el Señor está haciendo es trascendente. ¡Es la obra del Todopoderoso! ¡No la podrá frenar el diablo! Satanás finalmente va a fracasar, es más, ya ha fracasado. ¡Jesucristo lo ha vencido y Él es tu Señor! No estés afligido o afligida por alguna enfermedad o circunstancia momentánea porque tú eres mucho más que esa enfermedad o circunstancia. No te alteres por la escases momentánea o por una guerra que se levanta contra ti momentáneamente porque tú eres mucho más que esa prueba que te toca vivir. ¡Tú vales para Dios mucho más que esas cosas que se levantan contra ti! Todas esas cosas quedarán atrás y tú continuarás adelante. ¡Tú vas a vencer los obstáculos! ¡Se quedarán atrás! Las circunstancias son sólo circunstancias. ¡Son pasajeras! Pero Dios está tejiendo un futuro extraordinario para ti. ¡Pídele que te permita contemplarlo!
Cuando el profeta Natán le declaró a David las palabras de Jehová, señala la Biblia que él entró en el templo porque creyó esa palabra y oró: “Señor ¿quién soy yo, y cuál es mi casa, para que me hayas traído a este lugar?” Leemos en 1ª Crónicas 17: 23 y 25 al 27: “23Ahora pues, Jehová, la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho… 25Porque tú, Dios mío, revelaste al oído a tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo motivo para orar delante de ti. 26Ahora pues, Jehová, tú eres el Dios que has hablado de tu siervo este bien; 27y ahora has querido bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti; porque tú, Jehová, la has bendecido, y será bendita para siempre”.
¡Qué lindo es cuando se llega a creer, porque es ahí cuando uno tiene la certeza y puede ver por la fe que sucederá algo mucho más grande de lo que nuestros ojos pueden llegar a ver! Oro que Dios te abra los ojos y te dé entendimiento; oro que puedas visualizar el futuro por la fe. ¡El futuro con Dios es hermoso y glorioso! ¡Podrás contemplar su obra maravillosa! Recordarás que has sido una semilla, pero contemplarás un bosque, y estarás vivo para ver esa gran obra que Dios hará porque te has ofrecido como semilla de Dios.
“Señor, yo te presento a tu hijos en esta hora, que quizás están afanados con su mirada puesta en las cosas pasajeras y no en las eternas. Glorifica tu nombre en ellos, que puedan alzar su mirada y vislumbrar el horizonte; que levanten su mirada al cielo y vean tantas estrellas que no se pueden ni contar, así son las cosas que tú tienes preparadas para ellos. Algunos se sienten tan poca cosa Señor; se sienten tan débiles e impotentes y no entienden la gloria y el poder que tú has puesto en su corazón. ¡Exáltate Señor, en sus vidas! ¡Llena sus corazones de fe y esperanza! Permíteles ver lo que no ven, Padre: Que tú eres un Dios de poder y de maravillas, y les estás haciendo partícipes de ello. Padre, te damos gracias porque has puesto tu vida y tu gloria en nosotros; te gradecemos porque has puesto eternidad en nuestras vidas. Te damos gracias porque podremos ver las obras que tú harás después que ya no estemos en el mundo. Que las personas entiendan que son hijos del Dios eterno; que sepan que han nacido de ti para tener eternidad. Que entiendan que tu naturaleza todopoderosa e invencible está en ellos. Yo los bendigo en tu nombre Señor, y para tu gloria, amén”.
ANEXOS: